Griffa, de San Mamés al calabozo y a El Pardo.

31 mar

Leyendo El País, me topo con una de esas historias deliciosas que sorprenden y nos hacen sonreir a partes iguales. Un argentino enfadando a unos recios vizcaínos y un gallego pequeñito dando una moraleja muy sui generis sobre la historia acontecida. Es largo, pero merece mucho la pena. España en estado puro.

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Jorge Bernardo Griffa fue un central argentino que jugó en el Atlético del 59 al 69 y luego en el Espanyol. Todo un carácter. Hoy es un hombre apacible, simpático, gran anfitrión. Le visité en su casa de Buenos Aires no hace mucho, cuando nos dieron el chasco con la candidatura olímpica de Madrid. Viéndole ahora nadie le emparentaría con aquel tremendo defensa, al que el entusiasmo por su causa llevaba con frecuencia demasiado lejos. Para el madridista de la época fue el enemigo público número uno. Pero la peor bronca la tuvo en San Mamés, de donde fue directamente al calabozo.

Aquello ocurrió el 3 de marzo de 1963, a ocho jornadas del final de la Liga. El Atlético era segundo, el Madrid se le escapaba. El Atlético había hecho una gran campaña en casa, donde cedió solo un empate, pero fuera había perdido cinco. Griffa estaba harto. Aspiraba a ganar la Liga. El Atlético aún tenía que visitar el Bernabéu y eso le daba esperanzas. Griffa conjuró a los suyos: “¡Ya está bien! ¡En Bilbao tenemos que ganar!”.

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Y no ganaron, empataron a cero, pero el partido fue bravo. El Atlético no era bien recibido esos años en San Mamés. Casi nunca lo ha sido, a pesar de ser hijo del club bilbaíno. Pero aquel día fue peor. Hubo palos y tensión, con Griffa en medio de casi todas las broncas. Cuando Bueno, aquel buen árbitro aragonés, pitó el final del partido, a Griffa le pilló al otro lado del campo. Mientras acudía a la bocana de vestuarios se desató un vendaval de abucheos. Se detuvo en la puerta a saludar a Bueno y el público entendió que lo hacía con retintín. Arreció la bronca. Cuando se retiró Bueno, él se quedó encarándose a la grada. Ahí se dividen las versiones. Según se contó en Bilbao, y siguen contando los que lo vieron, desafió al gentío echándose las manos a las partes pudendas. Según él, no pasó de levantarse la parte de arriba de la camiseta, con las dos manos, para hacer ver el escudo. En todo caso, su actitud encrespó aún más al público.

—¡Me volví loco! Yo era así. ¡Estaba dispuesto a pegarme con los 10.000 de esa grada, uno por uno, me sentía capaz! ¡Qué sé yo lo que me pasó por la cabeza! Por el Atleti, era capaz de cualquier cosa…
Al fin, la policía (los grises de la época), le retiró a empujones, no sin esfuerzo. Una vez dentro, le dijeron que quedaba detenido por alteración del orden público. José Villalonga, secretario técnico del Atlético y capitán del Ejército, se enfrentó a los policías. Hubo una larga disputa, en la que intervinieron directivos de ambas partes. La grada seguía llena, con la gente exigiendo que Griffa saliera otra vez. Al fin, Griffa fue detenido. Le metieron en un furgón de la policía que colocó su trasera en la misma puerta central de San Mamés. La multitud siguió enfurecida, en la grada o alrededores del campo, hasta que el insistente mensaje de la megafonía convenció a todos de que había sido trasladado a la comisaría.

—Allí me encontré con un comisario gallego, lo recuerdo aún por un detalle que luego le contaré. Me dijo: “Hombre, chico, ¡que yo soy del Atleti! ¿Cómo has hecho esto? Los vascos son muy suyos… ¿Qué hago yo contigo ahora?”. Me tomaron declaración y me dejaron en el calabozo, con cuatro cinco carteristas. Yo quería pelearme con todos, no me bajaba el calentón, pero estuvieron amables conmigo.

El Atlético decidió que el resto del equipo partiera. Con Griffa se quedó un directivo, el Conde de Cheles, con su coche y su chófer. Consiguió que por la noche le dejaran salir, un poco de tapadillo, a ducharse y a dormir en el hotel, con la condición de regresar temprano a la mañana siguiente, para completar las diligencias. Así lo hicieron.

—A las once de la mañana habíamos acabado y salimos. Pero yo le dije al chófer que parara en la Avenida un momento. Paró y me bajé a pasear, y miraba a todos los que veía retándolos. ¡Aún me duraba el calentón! El chófer me seguía despacio, el Conde de Cheles me hacía señales de que me subiera en el coche, pero yo no quería. ¡Quería pegarme con alguien! ¡Así de loco estaba yo! Todos me miraban extrañados.

Después de un cuarto de hora de desafío itinerante subió por fin al coche, que partió hacia Madrid. Comieron en el Landa, en Burgos, llegaron por la tarde, directamente al club, a Barquillo 22, donde estaba entonces.
(Lo que sigue no se conocía. Todo lo anterior fue relatado en los diarios de la época. Lo que sigue me lo contó en ese encuentro en Buenos Aires y me chocó muchísimo).

—Allí me recibieron bien. Pero Fuertes de Villavicencio, un vicepresidente nuestro que era el Jefe de la Casa Civil de Franco, me dijo que al día siguiente teníamos que ir a ver a Franco a El Pardo. Me quedé muy inquieto…
—¿Y…?
—Pues que al día siguiente, después del entrenamiento, me recogió en su coche y me llevó a El Pardo. Llegaríamos sobre las doce y media. Pasamos varias salas hasta llegar a un salón muy largo, lleno de tapices. Al fondo había una puerta y junto a ella una mesita con un militar escribiendo a máquina. Villavicencio me dejó ahí:
—Espera aquí hasta que te avisen. Luego te recogerá un coche.
—Yo me quedé ahí, sin atreverme casi ni a respirar. Había unos asientos pegados a la pared. Yo no sabía si estar de pie o sentado. Me sentaba, me levantaba… En eso se abrió la puerta del fondo y salió Franco. Me pilló de pie y eso me alegró. Cruzó el salón hacia mí. Se paró, me miró y me dijo:
—¿Así que tú eres Griffa?
—Sí, Excelencia (Me habían advertido que se le dijera Excelencia).
—…el que la armó el domingo en Bilbao…
—Sí, Excelencia, es que no me pude contener… Yo soy de una manera…
—Mira, muchacho. Los vascos piensan que son más altos, más fuertes, más ricos y más listos que nadie. Pero a mí, que soy gallego y bajito, me hacen caso. Porque sé cómo tratarles. No montes otro lío así. Y ahora, vete en paz.

Insisto: me extrañó este relato. He tratado a personas que hablaron con Franco y todas coinciden en que siempre escuchaba y rarísima vez arriesgaba un juicio, y menos imprudente. Pero Griffa me aseguró que la escena se produjo como tal y una vez transcrita dio el visto bueno a su publicación.
Por eso me he decidido, no sin dudas, a rematar así aquella historia.

Por lo demás, tuvo una sanción gubernativa de 10.000 pesetas. Mucha multa para la época. El Atlético le hizo un acto de desagravio, defendiendo que en Bilbao corrió una versión exagerada de los hechos. Incluso mandó una carta al padre a Argentina, para tranquilizarle, porque el asunto trascendió hasta allá.

Él hoy lo recuerda con cariño:

—Y es que yo era así. Por el Atleti me volvía loco…
Y tenía que ser verdad. Aún tiene el salón de su buen piso, en La Recoleta, decorado con fotos del Atleti de esos años. Ahí, por esas paredes, se le ve en distintas alineaciones con los Pazos, Madinabeytia, Rodri, Rivilla, Colo, Griffa, Calleja, Ramiro, Glaría, Jayo, Jones, Cardona, Ufarte, Adelardo, Luis, Mendoza, Gárate, Peiró, Collar…

 

http://blogs.elpais.com/memorias-blanco-negro/2014/03/griffa-de-san-mam%C3%A9s-al-calabozo-y-a-el-pardo.html

 

 

Fútbol y luto en Zaire.

26 mar

Cuando alguien dice “el Congo Belga” se refiere a un lugar exótico, remoto, inaccesible, casi en las fronteras entre lo real y lo ficticio. Sin embargo, ese lugar existió, cambió varias veces de nombre y tuvo relación con el fútbol argentino.

En medio de África existía hasta 1885 el Reino del Congo, que fuera repartido entre Portugal, Francia y Bélgica. Este último sector se llamó Estado Libre del Congo y era propiedad privada del rey Leopoldo II. A partir de 1908, cambió de estatus y de nombre: pasó a ser colonia y a llamarse Congo Belga. En 1960 llegó la independencia y otro cambio de nombre. La ahora República Democrática del Congo entró en coqueteos con la URSS y sobrevino un golpe de Estado. El territorio pasó a llamarse Congo-Kinshasa. El general Mobutu se hizo del poder e inició una dictadura de las que, lamentablemente, el continente africano tiene en abundancia. El nuevo presidente renombró al país que pasó a ser Zaire y se hizo llamar Mobutu Sese Seko Ngbendu wa Za Banga, lo que significa el guerrero todopoderoso que, debido a su resistencia y voluntad inflexible, va a ir de conquista en conquista dejando el fuego a su paso. Cada cierto tiempo, convocaba a elecciones en las que era el único candidato.

(Ay, África, a veces me pregunto si alguna vez perdonarás al mundo por lo que te hizo)

El régimen; acusado de graves violaciones a los Derechos Humanos, culto a la personalidad y cleptocracia; buscó en el deporte la escoba para limpiar su imagen. Llevaron a Muhammad Alí a combatir con George Foreman por el título pesado en Kinshasa. En 1973, la selección de fútbol conquistó la clasificación para el Mundial ’74 y en el mismo año del Mundial, conquistó la Copa de África en Egipto, bajando a Zambia en dos partidos. La participación de los Leopardos en Alemania es más recordada por sus despropósitos que por alguna virtud futbolística.

 

 

Buscando aprovechar esa inercia, Zaire invitó a la AFA a enviar algunos equipos a jugar amistosos en África. Los voluntarios fueron Talleres de Córdoba y Temperley.

El equipo cordobés contaba con un plantel excelente, con tres futuros campeones del mundo. En 1977 se convertirían subcampeones nacionales y eran, sin duda, el mejor equipo provinciano de la época (ver El genio de la lámpara). Temperley, por su parte, era un conjunto modesto de la localidad homónima en el sur del Gran Buenos Aires. Acostumbrado a transitar por las divisiones de ascenso y, a la sazón, en Primera; aceptó gustoso la posibilidad de realizar una gira por el extranjero, hecho que raramente se podría repetir.

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La llegada de los futbolistas argentinos a Zaire fue un acontecimiento histórico. Los alojaron en una quinta residencial y les brindaron todas las comodidades. Incluso, uno de los jugadores cordobeses llevó a su flamante esposa y la gira ofició de viaje de bodas. Su mayor preocupación era que no les sirvieran mono asado, pues habían oído que ese era el manjar favorito de los congoleños.

La performance futbolística de los argentinos fue dispar. Talleres venció 1-0 al Imana y al Vita por el mismo marcador. Temperley cayó frente al Vita por 2-1 y ante la Selección zaireña por 1-4.

Después, se jugó un cuadrangular, la Copa República de Zaire. Los argentinos se enfrentaron con triunfo de Talleres por 3-2. Imana derrotó a Vita 2-1. En el partido por el tercer puesto, Temperley y Vita igualaron 2-2 y Talleres abatió 3-2 al Imana y alzó la copa.

Los medios africanos reflejaron el rendimiento argentino –especialmente el de Talleres – con términos altamente elogiosos. El periódico La Voix du Zaire publicó:

“Después de la visita del Santos de Pelé, nunca habíamos visto tan buen fútbol como con Talleres”.

Incluso el mediocampista Luis Ludueña, el recordado “Hacha” Ludueña fue calificado “el dios del fútbol” por el periodismo de Zaire.

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Los futbolistas dejaron el Continente Negro con satisfacción. El equipo blanquiazul de Córdoba había cosechado elogios y admiración; y el Celeste del Sur había llevado con dignidad el rol de partenaire. Pero se avecinaban días aciagos. Sin saberlo, llevaban al enemigo dentro de ellos.

A los pocos días de llegar, algunos viajeros comenzaron a mostrar síntomas preocupantes. Miguel Ángel Oviedo de Talleres, posteriormente integrante del plantel argentino en el Mundial ’78 y los jugadores de Temperley Benito Valencia y Oscar Suárez sufrían escalofríos, fiebre, sudor e intensos dolores de cabeza. La alarma se encendió, pues la sintomatología correspondía al paludismo.

Según los términos científicos, el paludismo o malaria es una enfermedad parasitaria muy grave, que se produce por esporozoarios del género Plasmodium y es transmitida al hombre a través de la picadura del mosquito Anopheles.

Los dos primeros afectados lograron sobreponerse. Pero el joven Suárez, de apenas 23 años, se agravó. El muchacho había llegado a Temperley el año anterior, a préstamo de Estudiantes de La Plata. Convirtió 8 goles en 16 partidos y el club sureño lo adquirió en forma definitiva.

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En los días siguientes, su cuadro clínico se complicó. Padecía horribles dolores musculares, problemas de coagulación sanguínea, shock, insuficiencia renal y hepática; mientras que los trastornos del sistema nervioso central lo volvían loco del dolor.

Los médicos se esforzaron como corresponde, pero el propio organismo de Oscar no podía hacer frente al mal. Finalmente, el 16 de febrero de 1976, pocos días después del regreso de África, Oscar Suárez moría.

Los medios se hicieron eco del drama por algunos días. Luego, otros temas fueron tapando la noticia y el propio mundo de la pelota dejó atrás la muerte de Suárez. Hoy en día, pocos son los que recuerdan este hecho luctuoso y absurdo; como son absurdas todas las muertes de los que mueren en plena juventud.

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Estas líneas son un breve y escaso homenaje a Oscar Suárez, un pibe argentino como tantos, con sueños de jugador de fútbol. Un sueño que lo llevó a explorar tierras exóticas y que, finalmente, le costó la vida.

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¿Vender a Messi o no?.

17 mar

A muchísimos aficionados culés les parecerá una auténtica locura el hecho siquiera de plantearlo, pero ¿es realmente tan descabellado que el Barcelona aceptara 250 millones por el traspaso del futbolista argentino?. Yo voy a dar mi opinión al respecto.

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El FC Barcelona anda muy justito de dinero estas últimas temporadas. Una muy mala gestión económica por parte del anterior presidente culé, unida a altas fichas de una plantilla bastante adocenada, hacen del equipo barcelonista un gran conjunto en cuanto a nombres, pero con los pies de barro en cuanto a viabilidad en la élite en los próximos años. La directiva azulgrana no ha sido capaz de fichar siquiera a un defensa central en condiciones para suplir al gran Puyol y ha preferido tirar el dinero en un traspaso tan absurdo y sobrevalorado como el de Neymar.

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Evidentemente el fichaje del brasileño tenía más interés en nutrir los bolsillos de intermediarios y directivos, que en reverdecer el esplendor futbolístico culé. El traspaso de Neymar fue como meter al zorro a cuidar a las gallinas. Y esto fue así a muchos niveles. Su altísima ficha y su pobre desempeño, sumado a un cierto resquemor con Messi, han hecho del vestuario azulgrana un auténtico polvorín, que por ahora se va capeando con más incomodidad que sangre ajena. El brasileño tiene actualmente 22 años y aún mucho que demostrar. A nadie en Barcelona se le pasa por la cabeza venderlo, más que nada porque nadie en su sano juicio va a dar siquiera dos tercios de lo que les ha costado a los culés….pero su enorme ficha hay que pagarla; así como hay que pagar el traspaso de un portero de primer nivel -y de un suplente de lujo-, fichar a un par de laterales de élite, a un par de centrales con salida de balón y contundencia a partes iguales, a un creador de juego que intente hacer olvidar poco a poco a Xavi y algún retoque más que dista mucho de valer poco dinero. El Barcelona no tiene actualmente capacidad económica para hacer un plan renove de esta magnitud, pero la salida de Messi del equipo podría proporcionársela.

Aunque al genio de Rosario aún le queden años de fútbol de altísimo nivel, no hay que olvidar que está muy próximo a los 27 años y que en este momento su cotización roza máximos. A partir de ahora, a cada año que pase, su precio de mercado va a ir a menos, al igual que su velocidad y su número de goles. Nada es para siempre. Le pasó a Di Stéfano, a Pelé, a Cruyff y a todos los demás. Ahora mismo -desde el punto de vista comercial- una salida del astro argentino del Barcelona sería positiva. Se podría reconstruir al Barça línea por línea y darle un nuevo impulso a un equipo cada vez más agarrotado por las dudas y la autocomplacencia. Con los 250 millones de Messi -y otros 150 millones por jugadores como Piqué, Adriano, Bartra, Montoya, Alexis y Dani Alves- se podría comprar a media docena de futbolistas de primerísimo nivel mundial y así cubrir a las necesitadas líneas blaugranas.

La salida de Messi es un tabú en Can Barça y es normal que así sea. Nadie quiere ser el responsable de poner en venta al jugador franquicia y joya de la corona. Sería algo realmente traumático para la parroquia culé, pero también cabe decir que el Barcelona ya ha jugado bastantes partidos sin Lionel esta temporada y pocos notaron su ausencia. El Barça, en ocasiones, ha ganado sin Messi y, en otras, ha perdido con él sobre el césped y no se ha parado el mundo por ello. Hay vida después de Messi, aunque mucha parroquia culé piense lo contrario. Messi, para mí, es el mejor jugador de la historia del fútbol -aunque no gane nunca nada con Argentina- pero también es un ser humano que se lesiona y que envejece. Quizá sea una ocasión perfecta para darle aire fresco al FC Barcelona, como se le dio después del Motín del Hesperia.

El Barcelona necesita renovarse o morirá entre laureles y melancolía. Y es verdad que a casi todos nos gustan las historias románticas de perdedores con encanto, pero el fútbol solo entiende de ganar en el presente y nadie dedicará cantares a equipos tercerones por mucho que triunfaran y maravillaran en otros tiempos.

¿Habrá alguien en Barcelona tan valeroso -e inconsciente- como para vender a Messi?. En unos meses saldremos de dudas.

 

Diego Lucero: el chamuyo cafiolo es una papa.

24 feb

Con el Mundial a la vuelta de la esquina será justicia que se escriban cuatro líneas para revivir el recuerdo del hombre que más ediciones protagonizó. Y no se trata de Carbajal ni de Matthäus, sino del hombre que dijo presente en todos los Mundiales entre 1930 y 1994.

Vio la luz en Montevideo, con el nombre de Luis Alfredo Sciutto, el 14 de junio de 1901. Era periodista y firmaba Diego Lucero. Y para contar los avatares de la pelota eligió el idioma del pueblo: el lunfardo.

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En el naciente siglo XX la pelota era el juguete natural de los pobres, porque entretenía a muchos a la vez. En los campitos se formó el futbolista, y en la biblioteca del Centro Anarquista, el lector. Fue jugador de primera división en Bella Vista y Nacional y llegó a vestir la gloriosa celeste. En un partido contra Paraguay sufrió una lesión de menisco que lo sacó de las canchas. Ahí nació el cronista deportivo.

Además de los Mundiales, cubrió varias ediciones de los Juegos Olímpicos. Fue corresponsal en la Guerra Civil Española, donde estuvo a punto de ser fusilado.

El estilo de Diego era fruto de su formación literaria y su conocimiento de la calle. Sus crónicas no eran rigurosamente realistas. Su narrativa tenía más de épico que de informativo. Con lenguaje popular, escribió párrafos memorables, llenos de colorido y humor.

Un aparte sobre el lunfardo: se ha dicho muchas veces que es la jerga carcelaria. Pero eso no es del todo cierto. El lunfardo, antes que nada, revela familiaridad entre el hablante y la cosa que menciona. Y es fruto del inagotable espíritu lúdico del hombre, que busca darle un nombre jocoso a lo cotidiano.

Lucero creó una “barra” imaginaria: La Ciriaca (única mujer), el Cero Kilómetro (un vago), Primeroemayo (un teletual*) y el Pat’e Catre (un gil). También mencionaba a Roncadera. Con ellos presenciaba los eventos que luego comentaba.

*intelectual

En su trayectoria profesional, Diego Lucero (con su larga lista de pseudónimos) escribió en El Plata de Montevideo, Crítica, Clarín y Mayoría de Buenos Aires, entre otros.

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Pero los escritores hablan con sus obras. Compartamos algunos extractos de sus notas.

Así describía Diego un barrio de Montevideo:

“Ahí quedan flotando los recuerdos que salen, en las noches de luna, confundidos con las nieblas del mar. Aquí fue donde el ñato Villanueva fajó a los tres botones que lo querían portar en la cufa; aquí fue donde cayó el tano Rosendo aujereado a puñaladas; por aquí peloteaban los muchachos del tiempo de oro; aquí ensayaban “Los Congos Humildes” cuando el negro Isabel dirigía los tambores…

Eso es lo que queda del Barrio Sur, que en un tiempo tendía sus dominios frente al mar, por el este hasta la calle Daymán y por el Oeste, clavaba su mojón contra las piedras legendarias del Cubo del Sur, contra las cuales levantaba su cruz el Templo Inglés.”

Isabelino Gradín, astro y señor de los campos (1937)

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Con estas rimas narra un gol de River a Boca:

“Cubilla el oriental se mandó por la derecha, una moña por aquí, una alforza por allá, Orlando queda dos veces pagando, el centro sale ceñido, Artime que aplica el coco, Roma que pega el volido, que la toco y no la toco, el gol queda convertido.”

Y Boca fue campeón por obra del tablón* (1964)

*(Por metonimia, el tablón es la tribuna y, por lo mismo, la hinchada)

Así glosaba el robo de la Copa Jules Rimet, a pocos días del Mundial de 1966:

“Chorros incultos, carentes de todo roce social, rififises de mangas cortas y uñas negras que nunca supieron del laburo de una manicura, escruches que desacreditan el honrado gremio de los que afanan bancos y joyerías con fractura y escalamiento pero sin lastimar jamás los sentimientos del pueblo, se portaron vía la Copa del Mundo toda hecha de oro. A estas horas, las alas de la victoria que quería representar a la sin igual Victoria de Samotracia, que fue mascarón de proa de las naves negras de Agamenón…ya estarán a estas horas convertidas en lingotes y los tamangueros que en la rubia Albión se darán la leñada a toda escarpa en busca del título de campeones han perdido con la desaparición de la Copa, un cachito de ilusión”

La Ciriaca: “Toy triste por Isabel” (1966)

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En sus crónicas incluía pasajes ficcionales de gran humorismo:

“El Pat’e Catre se acuerda de una vez que estábamos jugando un partido, divisiones inferiores de Ascenso. Éramos locatario, que le dicen, y teníamos que ganar por las buenas, las regulares o las otras. Teníamos que ganar. Era la orden. En el fato estaban todos los complicados en el entrevero, desde el referí hasta el cabo que era el jefe de la fuerza pública destacada allí para evitar cualquier alteración del orden constitucional y para darle respaldo al refle no fuera a ser cosa que los contrarios (casi siempre malos deportistas) quisieran abrirle el balero de un palazo, como quien raja una sandía, en el soca de algún fayuteli de dudosa interpretación reglamentaria y notoria mala fe en perjuicio de nuestros sagrados intereses deportivos. ¡Ah, qué tarde la tarde aquella! ¡Reíte vos de los martes orquídeas! Los teníamos lo que se dice acorralados a los contrarios y no les podíamos hacer goles. “Cero Kilómetro”, centrodelantero, estaba a dos metros del arco, solo, y en vez de darle a la globa pega en la tierra, porque allí mismo había una vizcachera, y se recalcó un pie. El mismo Pat’e Catre se empezó a gambetear a toda la defensa y después de hacerle el último drible al arquero, quedó solo, frente al arco vacío, y resulta que no tenía la pelota. Se la había olvidado al hacer una gambeta. Roncadera estuvo 51 vez orsey y el linema –a manera de estímulo –no levantó ni una vez la bandera y lo dejó seguir, pero sin resultado positivo. Hasta que faltando un minuto…un contrario saca una pelota de cabeza, el refle (bien colocado) pita son singular energía, entra el cabo a la cancha a interpelarlo, mientras se llevaba con notoria y expresiva energía la mano a la empuñadura de la lata, en transparente actitud de desenvaine, y pregunta, enérgico, al juez: -¿Qué cobra?

-Penal pa nosotro –dijo el refle con esa seguridad que da el tener la conciencia tranquila. -¡Ah! –dijo el cana. Y se preparó pa festejar. Ganamos. Ascendimo. Los contrarios, malos deportistas, protestaron. Querían irse de la cancha. ¡Qué vergüenza! ¡Abandonar el terreno de honor! ¡Renunciar a la lucha! Ignoraban los inorantes lo que es el espíritu deportivo y no manyaban no diome de lo que es el farplay.”

Igualito que Paquito: ya tiene comisario el pueblo (1968)

Así hablaba sobre las modas de los años 60 y 70:

“Un día se prohibieron las gorras y las medias caídas ¡Mirá si ahora se prohibieran las patiyas! Se quedamo sin jugadore, se quedamo”

A veces da mucho “espor” el hacerse el colifato (1969)

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Recordó la carrera espacial, relacionándola con el fútbol:

“Casi con la misma expectativa con que cualquier punto filipino ha esperado que el hombre ponga otra vez su escarpa en la Luna y se dé una paseyata liviana por los jardines de la pálida Selene, el mundo esperó ansioso que el negrito Pelé marcara su pepa número 1000”

Los mil goles de Pelé (1969)

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Así describió un penal errado:

“Y él, que nunca erra; él, que convierte el tiro penal en un cohete teledirigido, le pegó a la pescadilla de la forma más fulera que podía encajarle el zapatillazo. Y la roñosa, en vez de ir por piolines, fue por letreros”

Los botines cambiados (1970)

Los grandes futbolistas despertaron su admiración:

“Cuando los rusos entraron a competir en el campo internacional, Lev Yashin fue, de entrada, figura dominante. Altísimo, atlético, elástico, elegante, malla negra, lonpa negra, medias negras, tamangos negros, gorra negra, guantes negros y una serena expresión en su rostro

huesudo y serio, que los rusos no están para risas ni aun jugando al fútbol. Aquella figura negra entre los tres palos con fondo de telaraña de red, en seguida tuvo seudónimo. El tablón la llamó: “La Araña Negra”

“La Araña Negra” deja la telaraña del arco (1971)

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“Ya casi no quedan gambeteadores de aquellos que la hacían bailar a la pelota, como Zito “La bordadora” que una vez se durmió haciendo dribles; como Antoñito Sastre que la hacía suspirar de tanto acariciarla y muchos otros”

De cuando una noche, en Mar del Plata, Enzo Ferrero hizo el gol de “mondonguillo” (1974)

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También cubrió otros deportes. En una crónica de turf, escribió:

“¡El caballo! Escultura viviente, símbolo de la fuerza, estampa de la gracia. Hubo uno famoso, el de Atila, que donde te chantaba la herradura allí ya nunca brotaba la lechuga. Otro, el de Troya, que era “mula”*.

El Gran Premio Nacional del año 62 (1962)

*(Genial juego de palabras entre caballo y mula que, en lunfardo, significa trampa o engaño)

De esta forma analizó la visita de los Harlem Globetrotters:

La (humorada) de Chaplin, como la de estos morenos, siempre parecía partir de un trasfondo de humana tristeza, que es donde carbura, germina y se genera la risa.

Envío: diga ñorse, si usté quiere darle el olivo a las preocupaciones por lo carolina que están las cosas, lo durañona que está la vida y olvidarse que anda pato, vaya a ver a los grones del “Globe”. Se va a reír.”

Los morenos geniales del “Globe” desatarán la risa (1970)

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Una leyenda romántica combinada con el pícaro humor de Diego:

“Y un lugar histórico a donde la gente de Guanajuato siente el orgullo de guiar al visitante es el “Callejón del Beso”, un rincón donde la callecita es tan estrecha que los balcones de las casas casi se juntan. Parece ser que en uno de los balconcicos vivía doña Ana, hija de un poderoso señor y muchacha bellísima, y en otro don Carlos, un apuesto doncel cuya única riqueza era su juventud, sus dedos ágiles para puntear la vihuela y su voz de frescor de serenata. Y parece que tenía algunas contras; le tenía repugnancia al laburo y bastante asco a los brolis de estudio. El papá de doña Ana los sorprendió besándose de balcón a balcón y le clavó a su hija una puñalada en la espalda.

-¿Y cayó muerta en el ato? –preguntó la Ciriaca ya en el borde de ese llanto jiposo de novela radial.

-En el ato – le contestó el Pata.

La Ciriaca, enternecida, quería ir al velorio. Hubo que convencerla que eso había pasado hace como cuatrociento saño.

Y en Guanajuato, que es ciudad estudiantil, junto a cada árbol había un estudiantito con su estudiantita a los puros besos. Primeroemayo exclamó: La de puñaladas que tendría que fajarse el gallego de la historia si tuviera que arreglar estos fatos de los besos a golpe de finyingo…”

Andanzas por México (1967)

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El 3 de junio de 1995 Diego rajó pa’ las estrellas. Allá andará mateando y chamuyando de fóbal con la barra. Desde el tablón, hacemos justicia al que escribió para nosotros, porque era uno de nosotros.

Chau, Diego.

(Textos extraídos de Siento ruido de pelota: crónicas de medio siglo, Buenos Aires, Corregidor, 2006)

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Emilio “Cococho” Álvarez.

13 feb

Uno de los pequeños placeres que echo de menos cuando estoy lejos de mi casa es ver fútbol con mi padre. Y digo placer sabiendo que en la distancia todo se idealiza de tal forma que llegamos a olvidar la verdadera realidad de las cosas. Al volver al hogar e intentar ver un partido de fútbol con mi progenitor entiendo aquel dicho de que el recuerdo desvirtúa. Nunca estamos de acuerdo en nada de lo que vemos sobre el césped. Si para él era falta, para mí no la era; si para mí era penalty, para él era amarilla por fingir; si para él era juego de juego para mí estaba en línea. Ante este baile de desencuentros y gritos en aumento, mi madre niega con la cabeza y desaparece por el pasillo musitando entre dientes…”Hombres….”.

Es este nuestro particular juego paralelo al juego. Sin discusión permanente parece que no podemos disfrutar el fútbol. El silencio es solo para las misas y respetar al oponente es solo para los políticamente correctos. Lo nuestro es un continuo golpe de Estado para instaurar una dictadura en la que uno tiene razón y el otro no la tiene en absoluto.

Por el medio de estas guerras y treguas futboleras siempre se aprende algo nuevo. Hace poco me comentaba mi padre que había visto jugar en directo por los años 60 a un jugador negro de Nacional de Montevideo que le había impresionado muchísimo. “Le quitaba a Amancio (Amaro) la pelota con una facilidad que asustaba”. La curiosidad me picó y busqué por ese defensa que secó a uno de los mejores jugadores españoles de la Historia a cada jugada y hallé un nombre: Emilio “Cococho” Álvarez, uno de esos grandes futbolistas sudamericanos que han pasado totalmente desapercibidos en Europa pero que podían haber marcado una época en un conjunto como el Real Madrid.

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Cococho fue otro de esos deportistas nacidos de la necesidad, que llegaron pobres al fútbol y salieron pobres de él. El jugador de Nacional que más veces ha vestido su camiseta, murió hace casi cuatro años en una precaria situación económica y olvidado por casi todos. Dio al fútbol mucho más de lo que el fútbol le dio a él. Un documental hacia el final de su vida y una pensión del gobierno uruguayo, son algo bastante insuficiente para alguien que llegó a estar en el “once mundial” de su época.

Por una operación de menisco mal realizada (en aquella época ni se operaban), Cococho Álvarez tuvo que sufrir una vida de cojera, que sin embargo no le impidió ser el mejor en su puesto sin ni siquiera tener que dar patadas al rival. Fue un defensa central adelantado a su tiempo, pero que tuvo la desgracia de haber nacido en unos años en los que los directivos abusaban de los futbolistas como si de animales de circo se trataran. Le pasó a Garrincha, que fue explotado en giras interminables hasta que el alcohol acabó con su magia y le pasó a Cococho, que no cobró nunca lo adeudado por Nacional y tuvo que salir por la puerta de atrás del Club tras haber llamado “ladrones” a los dirigentes.

Historias de cuando el fútbol era solo un trabajo que desempeñaban ídolos por un sueldo que se tornaba precario al finalizar su carrera. Historias surgidas de las guerras dialécticas dominicales que espero seguir teniendo con mi padre durante muchos más años.

 

El Bocha, la pelota, la alegría.

24 ene

Solo le pido a Dios

que Bochini juegue para siempre,

siempre para Independiente

para toda la alegría de la gente

La hinchada de Independiente modificó los inmortales versos de León Gieco para homenajear a Ricardo Bochini, el hombre que los hados de la pelota señalaron para marcar los hitos de la historia roja.

1954: El 25 de enero nace en Zárate (80 km al norte de Buenos Aires). A los trece años ya juega en la primera del club Belgrano, de la Liga local.

El Bocha apareció en la primera de Independiente en 1972. Su conocedora hinchada lo amó desde el principio. La mística del fútbol de alta técnica se gestó, fortaleció y grabó en el inconsciente colectivo de media Avellaneda a partir del juego del Bocha. Tanto es así, que un compañero suyo declaró:

“El estilo de Independiente murió cuando se retiró Bochini”

1973: Independiente busca la Copa Intercontinental. Ya se la birlaron el Inter de Luis Suárez dos veces y el Ajax de Johann Cruyff. El campeón de Europa se niega a jugar y se presenta el subcampeón, Juventus de Italia, con la condición de que se realice un solo partido y en Roma.

La Juve (con Zoff, Gentile, Cuccureddu, Causio, Bettega) domina el partido. Hasta que el pibe de 19 años se junta con Bertoni. La llevan con paredes desde la mitad del campo hasta que Bochini se frena frente a Zoff y la tira con calidad sobre el cuerpo agazapado de Dino. Es la alegría que, por esquiva, se disfruta el doble.

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La celeste y blanca no le fue ajena a Ricardo. En la Juvenil jugó un torneo en Cannes donde conoció a Daniel Bertoni. Integró la Selección Fantasma en la Eliminatoria del Mundial 74. Fue titular con Menotti durante todo 1976. Jugó en Kiev el Día de la Nieve. Volvió al equipo nacional en 1984 e integró la lista de los Campeones Mundiales en México 86. En total, fueron 26 partidos internacionales.

1977: El Campeonato Nacional de ese año se prolonga hasta enero de 1978. En la final, Talleres de Córdoba e Independiente de Avellaneda. Los cordobeses se ponen 2-1 con un gol que Boccanelli mete con la mano. Reacción roja y tres expulsados. Parece que se viene la hecatombe. Sin embargo, el Bocha aparece en toda su dimensión y anota el empate. Con ese gol, el Rojo gana un nuevo título. Ese día lo llaman El Genio de la Lámpara. La bronca por la injusticia se convierte en alegría.

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Un 11 de septiembre – Día del Maestro en la Argentina -su hinchada cantó.

Escuchen esto, escuchen esto:

Aplaudan a Bochini

que es el Día del Maestro

Su idolatría no tuvo límites. Las barras rivales lo ovacionaron y el propio Maradona lo tuvo por ídolo.

1978: Una vez más, el Campeonato Nacional se extiende hasta enero del año siguiente. Una vez más, Independiente en la final. Una vez más, Bochini firma los goles decisivos. Es 2-0 con anotaciones del Bocha a Fillol, el arquero Campeón del Mundo que sucumbe ante el alegre juego del Maestro.

El Rojo cumple una de las actuaciones colectivas más brillantes de la historia. Y Bochini es la coronación, el detalle estético que culmina toda la obra. Antes de la final, convierte en cuartos de final contra Colón y en semifinales contra Talleres de Córdoba un gol memorable con caño a Oviedo.

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Ricardo era muy especial a la hora de declarar. Cuando Independiente conquistó el título intercontinental de 1984, el Bocha manifestó:

“Tendríamos que haber jugado mejor”

Cuando le preguntaron por qué no pateaba penales (no ejecutó ninguno en toda su carrera) contestó:

“¿Qué gracia tiene hacer un gol de penal?”

Cierta vez, tras un altercado con Ruggeri, afirmó:

“Qué va a ser guapo Ruggeri. Guapo es Passarella.”

Sobre su ideología futbolística, no dejó dudas:

“Argentina siempre se adhirió al jugador de toque y de gambeta, por eso la gente tuvo como ídolos a los jugadores de esa calidad. Eso se está perdiendo ahora porque el periodismo hace que la gente joven se conforme con un resultado aunque el equipo juegue mal porque ya lo preparó para eso”

1983: Independiente forma un equipo de ensueño. Alcanza dos subcampeonatos en 1982 y el título en 1983. Bochini es elegido el Jugador del Año por los periodistas deportivos. La presión popular obliga a Bilardo a convocarlo a la Selección Nacional.

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¿Cómo jugaba Bochini? ¿Con qué jugador de hoy lo compararemos? Andrés Iniesta. Hasta tienen en común el cabello escaso.

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El Bocha fue el típico “play-maker”. Desde su posición de mediocampista ofensivo, generaba juego para sus delanteros. Por su talento para el juego asociado, con Daniel Bertoni formó una sociedad que marcó la época. Las paredes de la dupla son recordadas entre las mejores jugadas asociadas del fútbol argentino.

Bochini no tenía una gran pegada ni velocidad fulminante y prácticamente no cabeceaba. Pero con la pelota en los pies era imparable. En 1976, por la Copa, le hizo a Peñarol un gol idéntico al de Diego a los ingleses.

Encarnaba un tipo de número 10 de lateralidad diestra, gambeta corta y excelente traslado. Su característica más destacada era el pase-gol. Podía anticipar el movimiento del delantero, de tal forma que la cesión iba hacia el lugar donde una fracción de segundo después estaría el receptor. En Argentina, se creó el adjetivo “bochinesco” para calificar ese tipo de pase.

Otra cualidad era el freno. Parecía jugar en otro contexto temporal. Cuando todos corrían apurados, él se frenaba y siempre parecía tener un instante más. Ahí decidía el pase o el tiro al arco mientras sus rivales (y a veces sus compañeros) quedaban desparramados por el suelo.

1984: El Seleccionado Nacional encara una gira por Europa. En lugar de Maradona está Bochini. Llegan a Düsseldorf para enfrentar a Alemania Federal. Ese día se estrena Beckenbauer como entrenador. Argentina cumple una gran performance y la figura es, como no, Ricardo Bochini. En el primer tiempo, captura una pelota suelta en el centro del terreno, deja atrás a su marcador con un pique corto y desde 45 metros lanza un globo impresionante sobre Schumacher adelantado. El arquero llega justo con la punta de los dedos para sacarla al córner.

Cuando la televisión realiza el primer plano del jugador, Bochini no está haciendo gestos para la cámara, como hacen los jugadores actuales. Se lo ve corriendo para mostrarse como receptor del saque de esquina.

 

 

Ese año, Independiente conquista su 7º Copa Libertadores. Vence a Gremio en Porto Alegre en una actuación considerada la mejor de un equipo argentino en Brasil. El gol es de Burruchaga, tras la asistencia del Bocha.

ImagenEn diciembre, el Rojo termina un ciclo insuperable con la conquista de la Copa Intercontinental. El derrotado es el Liverpool de Grobbelaar, Dalglish y Rush. Ricardo es el primer argentino es conquistar dos veces el trofeo mundial interclubes.

La alegría roja no tiene fin.

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Para que el idilio fuera perfecto, Bochini solo jugó en Independiente. Fueron 19 años y 692 partidos oficiales con la casaca roja. En Argentina, no hay otro caso de fidelidad a una divisa. Con ella conquistó 4 campeonatos locales, 4 Copas Libertadores, 3 Copas Interamericanas y 2 Intercontinentales.

Curiosamente, nunca fue capitán del equipo.

1986: Campeonato Mundial. Estadio Azteca. Semifinal. Argentina derrota a Bélgica 2-0. A falta de 10 minutos, Burruchaga deja su lugar al Bocha. Diego Maradona lo recibe diciendo: “Bienvenido, Maestro. Lo estábamos esperando”

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Convirtió 103 goles y es imposible saber cuántos facilitó con sus asistencias. Por ejemplo, el centrodelantero Norberto Outes marcó 100 goles en 4 años al lado del Maestro. Cuando cambió de club, su eficacia decayó notablemente.

1989: Bochini ya está cerca del retiro. Independiente pelea el título palmo a palmo con Boca Juniors. Cuando se enfrentan en Avellaneda, es triunfo por 2-1 con un tanto del Bocha. En la revancha en la Bombonera, se repiten el resultado y el goleador. Un gol de Bochini y una gran jugada suya desencadenan la alegría roja. Es el último título del ídolo.

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Una vez lo quiso comprar Boca. El presidente de Independiente contestó:

“Nooo, yo quiero seguir viviendo en Avellaneda”

Desde 2007, la calle del Estadio que tantas veces se alegró con su fantasía lleva su nombre.

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1991: Un patadón brutal de un ignoto jugador de Estudiantes saca de la cancha y del fútbol a Ricardo Bochini. En diciembre tiene su merecido partido homenaje. Así se cierran dos décadas de amor incondicional de la gente.

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Los antiguos griegos creían que las cosas ocurrían para que los poetas tuvieran algo que cantar. Tal vez no sea verdad, pero sin duda la magia de Bochini justifica estos versos de Héctor Negro.

A Bochini

¿Quién podrá agradecerte la alegría?

¿Cuántas voces precisa el verso mío

para decir la agreste poesía

que dibuja tu tranco de baldío?

(……………………………………………..)

Cuando no salgas más entre los once,

Serán los lagrimones del rocío

Los que en el pasto lloren y allí, entonces:

¿con qué se llenará el domingo mío?

Cuando la “diez” del Rojo no te abrigue,

yo buscaré en la tarde dominguera

-en la función que, pese a todo, sigue-

la semilla que siembre tu madera

Buscaré por potreros y distancias,

en los picados donde floreciste

y hasta que no reencuentre aquella magia,

aunque no se me note, andaré triste…

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Los números de 2013.

31 dic

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

El Museo del Louvre tiene 8.5 millones de visitantes por año. Este blog fue visto cerca de 100.000 veces en 2013. Si fuese una exposición en el Museo del Louvre, se precisarían alrededor de 4 días para que toda esa gente la visitase.

Haz click para ver el reporte completo.

El día de la nieve.

24 dic

Una bella historia de recuerdos de niñez antes de la Navidad. Nieve, fútbol, rusos y golpes de Estado al ritmo del tango de Germán Magide.

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Era 1976. Marzo de 1976. La Oscuridad se cernía sobre la Patria. Pero yo era un pibe de 9 años y no estaba al tanto de nada. Solo quería mirar la tele un sábado a la mañana. En eso estaba cuando llegó mi viejo y cambió de canal. Y lo que vi quedó en mi memoria para siempre.

La Selección Argentina se medía con la antigua Unión Soviética en Kiev. Era marzo de 1976, un sábado a la mañana y la nieve caía sobre Kiev.

Nunca había pensado que se podía jugar un partido en medio de una nevada. El blanco y negro de la transmisión televisiva no impidió ver como el campo de juego se tornaba blanco hasta que las líneas de la cancha desaparecieron.

En Buenos Aires y sus alrededores las nevadas son rarísimas. El que esto escribe solo vio dos en su vida: En 1984 durante un viaje a la Patagonia y en 2007, en Buenos Aires, nevada que fue la segunda registrada en la capital argentina en toda su existencia.

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Es por eso que el recuerdo de ese partido marca un hito en la historia del fútbol argentino.

Menotti era el entrenador. Y decidido a conformar un equipo competitivo, programó una gira por Europa. Para llegar, la delegación debió soportar un peregrinaje devastador:

* Primera etapa: Buenos Aires-Las Palmas

* Segunda etapa: Las Palmas-Madrid

* Tercera etapa: Madrid-París. Allí debieron atravesar todo el Aeropuerto de Orly para realizar un trasbordo.

* Cuarta etapa: París-Zurich. En la ciudad suiza pasaron la noche en un hotel.

* Quinta etapa: Zurich-Varsovia. Los viajeros vieron la nieve por primera vez.

* Sexta etapa: Varsovia-Moscú. En la capital rusa, primeros inconvenientes. Passarella y Mouzo (defensor de Boca) tenían las visas intercambiadas. Personal de la Embajada argentina lo solucionó. Y algo peor: Olguín viajó con la visa de Asad (mediocampista de Vélez que no integró la delegación). El defensor se quedó en el Aeropuerto con un dirigente para solucionar el conflicto. El resto (jugadores, entrenadores, periodistas) abordó un micro para trasladarse a otro aeropuerto, distante 60 km, donde abordar el avión que los llevaría a Kiev. Antes del decolaje, Olguín fue liberado y se unió al plantel.

* Séptima etapa: Moscú-Kiev. Por las demoras, los viajeros llegaron tarde para cenar y debieron improvisar unos sándwiches de mortadela.

* En Kiev, último y gran conflicto. La AFA reservó alojamiento solo para jugadores y cuerpo técnico. Los periodistas debieron ir a otro hotel.

* Tiempo total del viaje: 50 horas.

A pesar de los esfuerzos de Menotti, los endémicos problemas organizativos del fútbol argentino seguían vigentes.

El 20 de marzo fue el primer encuentro. Los 10 jugadores de campo que ese día batieron 1-0 a la vieja CCCP fueron Tarantini, Olguín, Killer, Carrascosa, Gallego, Ardiles, Trobbiani, Bochini, Luque y Kempes (autor del gol). Y, en el arco; -único, genial, invencible –el Loco Gatti.

Para defenderse del frío, Hugo salió al campo con pantalones largos (algo nunca visto en canchas argentinas), las medias por encima del pantalón y una espectacular gorra de lana con pompón. Gatti ya se destacaba por su legendaria vincha, pero el gorrito superó todo lo conocido hasta ese momento.

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El encuentro empezó con dominio argentino. Bochini, Ardiles y Trobbiani se adueñaron de la pelota y empezaron a tocar. La falta de aceleración en el último cuarto de la cancha imposibilitó que la superioridad se transformara en gol. Recién a los 43 minutos, los dos delanteros, Luque y Kempes, armaron una jugada combinativa que culminó con el remate del Matador a la red que defendía Prokhorov.

En el segundo tiempo el juego cambió. La nieve cubrió casi totalmente el campo y los argentinos no pudieron hacerse del control del balón. Los soviéticos hicieron entrar a Oleg Blokhin y se volcaron al ataque en busca del empate.

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Y en ese momento apareció Gatti. Seguro y sereno, se interpuso una y otra vez entre los locales y el gol. No solo atajó los remates. También cortó los centros y anticipó pases. Su performance fue reconocida por el periodismo soviético que lo ensalzó a la estatura de héroe. Nada menos ellos, que tuvieron a Yashin.

El poderío del rival (URSS llevaba un lustro sin perder como local) y la adversa meteorología (Ningún jugador argentino tenía experiencia previa en terreno nevado.) hicieron de la victoria un punto de inflexión en el trabajo de Menotti. Ese día se consolidaron varios hombres que luego serían figuras en 1978. Ese sábado debutó en la Selección nada menos que Daniel Passarella, reemplazando a Bochini. El propio Gatti contó que el futuro Gran Capitán, que a la sazón tenía apenas 21 años, entró y le dijo: “Loco, no salgas más que yo las saco todas”. Y las sacó todas.

Como puede notarse, entre los 11 iniciales, había 7 futuros campeones mundiales: Ardiles, Gallego, Kempes, Killer, Luque, Olguín y Tarantini. A los que se sumaron otros dos que llegaron desde el banco: Houseman y el mencionado Passarella. Y el arquero suplente era Ricardo Lavolpe, tercer portero en 1978 y luego entrenador de México en 2006.

Además, Bochini y Trobbiani alcanzaron la gloria diez años después, en 1986. Gatti no jugó el Mundial porque no llegó a recuperarse de una lesión y Carrascosa renunció a la Selección antes de la competencia.

Muchísimos años después, conseguí la revista El Gráfico con la crónica de ese partido. Las declaraciones de los argentinos son muy interesantes.

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Ricardo Bochini: “Yo estaba físicamente fenómeno para seguir, el problema era dominar la pelota”

Jorge Carrascosa, el capitán: “Antes del partido fui a probar la cancha. Hice varios piques y cuando quería frenar, patinaba cuatro metros. Todavía me parece mentira haber jugado con el campo así y además ganar el partido”

Alberto Tarantini: “Ese 16 que entró en el segundo tiempo era un fenómeno ¿Ah, ese era Blokhin? (Aclaremos que Oleg el Grande era el mejor jugador de Europa de esa temporada.)

Hugo Gatti, el hombre de Kiev: “Hoy me di cuenta de por qué los arqueros europeos son tan simples y directos”. “Casi todo lo que me dijo Lorenzo (entrenador de Gatti en Boca) se cumplió, excepto el resultado: el creía que los rusos nos pasaban por arriba” (En Argentina todavía existía el prejuicio de que era imposible vencer a los europeos)

César Menotti: “Cuando la personalidad del equipo se consolide, en un partido así irá por el segundo gol”. “El mito de la velocidad se cae cada día más: A Luque y a Houseman en carrera no los podían parar.”

Los diarios soviéticos reflejaron lo ocurrido de esta manera:

“Kempes fue uno más en la línea de ataque y en el centro del campo trataba de crear las condiciones para que las amenazas fueran reales el enérgico Ardiles. Sin embargo, sus esfuerzos parecían poco convincentes. Sin embargo, la fortuna sonrió de repente a los huéspedes. En el minuto 42 º, recibiendo solo un pase fuerte desde atrás, Kempes tiró un poco por delante de Makhovikov y simplemente envió el balón ante la salida rápida de Prokhorov. He aquí una paradoja típica de fútbol ¿Qué se puede hacer con esto del fútbol, a veces tan ilógico y traicionero!”

“Tras el descanso, como ya he dicho, las cosas han ido mejor. Sin embargo, las metas se hubieran cumplido, si no fuera por el brillante guardameta Gatti. Sin duda, a todos los equipos les gustaría tener este portero. Realmente, Gatti hizo maravillas. Incluso cuando, golpeado el balón, él estaba acostado en el barro y con el disparo casi a quemarropa, el incansable y valiente arquero tuvo tiempo de salir victorioso. Antes que nada Argentina le debe el puntaje ganador.”

Mikhail Mikhailov, de Kiev. Weekly “Fútbol – Hockey” № 13, 1976

“Los jugadores de ambos equipos a menudo trataban de patear al gol, incluso de larga distancia, lo que era más que razonable con las condiciones descritas anteriormente. Mucho más a menudo, lo hacían los jugadores soviéticos (en la primera mitad, el juego fue en su mayoría en la puerta de Argentina), pero el “último recurso” de los invitados -el experimentado portero Hugo Gatti -estuvo en estado de alerta, y en repetidas ocasiones con salidas audaces y oportunas, salvó a su equipo”

G. Borisov, El deporte soviético, 21.3.1976

Hace pocos días, hallé gracias a la magia de las computadoras un brevísimo video de ese partido y la ficha del encuentro en cirílico.

 

 

1976 (20.03) СССР – АРГЕНТИНА – 0:1 Товарищеский матч Киев. Центральный стадион. 32000 зрителей. Судья – С. Гонелла (Италия). СССР: Прохоров, Коньков (Фоменко, 53), Маховиков (Трошкин, 46), Абрамов, Лещук, Ловчев (к), Минаев, Назаренко (Онищенко, 46), Сахаров, Веремеев, В. Федоров (Блохин, 46). Тренер – В. Лобановский. Аргентина: Гатти, Ольгуин, Киллер, Карраскоса, Троббиани, Гальего, Бочини, Луке, Ардилес (Пассарелла, 56), Кемпес (Хаусман, 68), Тарантини. Тренер – Сесар Луис Менотти. Гол: Кемпес (41)

El árbitro del match fue el italiano Sergio Gonella, quien sería el juez principal en la final del Mundial ’78.

Otra imagen impactante fue la de los jugadores quitándose las casacas para intercambiarlas con los rivales, quedando con el torso desnudo bajo los copos.

La gira siguió en Chorzow, donde Argentina volvió a ganar: 2-1 a la poderosa Polonia de los años ’70. Luego, se perdió con Hungría (0-2), con el Hertha Berlin (0-1) y se empató con el Sevilla (0-0). Pero la Selección había dado un paso gigantesco hacia su consolidación.

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Cuatro días después de la memorable victoria en la capital ucraniana, el mismo día que se vencía en Polonia; un golpe de Estado derrocó al gobierno democrático de María Estela Martínez de Perón y dio inicio al Proceso de Reorganización Nacional, la noche más negra de la historia argentina.

Argentina salió campeón del Mundo.

Vi muchos otros partidos bajo la nieve.

Pero las imágenes de aquel sábado de 1976, la estampa de Gatti con su gorra de lana revolcándose en el barro y la nieve quedarán para siempre en mi memoria, porque así perduran las hazañas de los héroes.

 

Historias de ausentes (III).

25 nov

Mi argentino favorito vuelve con su cita mensual al blog. Otra nota de ausentes que hicieron historia con su propia ausencia.

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La historia de los torneos de fútbol se escribe con las hazañas de los triunfadores, pero también con aquellos que no llegaron a disputarlos. Especialmente, esos equipos ausentes por motivos extradeportivos.

Dicen que cuando Eduardo I Plantagenet conquistó Gales, sus nobles le pidieron un soberano que no hablara inglés. El Zanquilargo les dio a su hijo, que tenía 2 años y no hablaba la lengua de Shakespeare ni ninguna otra. Desde ese día, el heredero del trono inglés es el Príncipe de Gales. Pero se trata de una leyenda sin rigor histórico.

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Futbolísticamente, es difícil calificar a este país que, si bien tiene competencia doméstica, sus principales clubes militan en la Premier League.

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Ha dado algunos jugadores destacados, pero una sola vez se hizo presente en la fase final de la Copa del Mundo. Fue en 1958, liderado por John Charles, y fue ante ellos que el bisoño Pelé se estrenó en las redes mundialistas. Pero para que el equipo del Dragón llegara al Mundial, debió cruzarse en el camino de otra selección exótica: Israel.

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Desde su creación, el Estado judío fue un dolor de cabeza para la FIFA. Sus numerosos conflictos con el mundo musulmán lo llevaron a disputar eliminatorias en Europa, África, Oceanía y hasta en Sudamérica (Clasificación para el Mundial Sub 20 de 1989).

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Llegaba el año 1957 y el mundo se preparaba para los preliminares del Campeonato del Mundo. El País de Gales formó el Grupo 4 europeo junto a Checoslovaquia y Alemania del Este. Con dos victorias y dos derrotas quedó segundo detrás de los checos, que clasificaron para Suecia, donde sacudirían a la selección argentina (memento El Desastre de Suecia).

El Grupo 14 era una ensalada variopinta. Lo integraban Sudán, Egipto, Siria, Chipre, Turquía, Israel, Indonesia, China y Taiwán. Estos equipos irían eliminándose hasta que un sobreviviente llegara a la Copa del Mundo. Ahí comenzaron las dimisiones.

El primero fue Taiwán, que permitió el pase de Indonesia sin jugar. Los indonesios eliminaron a China tras tres partidos. En Medio Oriente, Sudán superó a Siria y esperaba al ganador de Egipto-Chipre. Pero los isleños no consiguieron visado de las autoridades británicas y perdieron por no

presentación. Entretanto, Turquía fue el primero en negarse a enfrentar a Israel. Los sudaneses hicieron lo mismo, siempre por motivos políticos. La FIFA llamó a Egipto, pero los faraones rehusaron con mayor énfasis. En el horizonte aparecía Indonesia, otro país musulmán. Aceptó jugar; pero con la condición irrevocable de hacerlo en campo neutral. La propuesta fracasó e Israel festejó: se había clasificado para el Mundial de Suecia sin jugar ni un minuto. Entonces, la FIFA desempolvó un artículo del Reglamento que dice que ningún seleccionado puede jugar la Copa sin haber pasado por la Eliminatoria (excepción hecha del local y el campeón vigente).

Había que inventar una repesca para los israelíes. Uruguay e Italia no aceptaron y se sorteó entre los segundos de los grupos europeos: Gales salió favorecido. Ganaron ambos encuentros por 2-0 y así, después de que 8 selecciones renunciaran a jugar, los muchachos del Dragón llegaron a Suecia.

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La Confederación Sudamericana es la más pequeña de los componentes de la FIFA. Con solo 10 miembros, ha sido capaz de obtener 9 campeonatos mundiales. Su campeonato continental, la Copa América, se juega desde 1910. Pero este torneo, otrora prestigioso, perdió interés y nivel a través de las décadas. Buscando realzarla, los dirigentes modificaron los formatos y, desde 1993, invitaron a 2 selecciones de la CONCACAF. En 2001, la sede sería Colombia, con México y Canadá como convidados. Pero la lista de participantes sufriría fuertes modificaciones.

Desde el principio hubo dudas sobre la seguridad, pues desde 1960 el país cafetero sufre un interminable conflicto armado. Aunque antes de la Copa hubo varios atentados de las FARC, el 5 de junio se ratificó la sede para Colombia. Pero el 28 de ese mes, se produjo el secuestro del dirigente deportivo Hernán Mejía Campuzano. Los acontecimientos se precipitan:

* 28-6: La Confederación se reúne en Buenos Aires y le retira la organización al país de Valderrama.

* Brasil se postula para reemplazarla.

* El presidente de la Nación, Andrés Pastrana, declara: “Quitarle la Copa a Colombia es el peor atentado”.

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* 30-6: la CONMEBOL ratifica una vez más la sede colombiana; pero pospone la competencia para 2002.

Entonces, aparece un actor que esperaba tras bambalinas para mostrar todo su poder: la Televisión. La empresa Traffic presiona para que se realice dentro de las fechas pactadas.

* 5-7: La dirigencia acata y todo vuelve a fojas cero: se jugará en Colombia, entre el 11 y el 29 de julio de 2001.

Al día siguiente comenzaron las deserciones. La selección canadiense no creyó que fuera seguro viajar a Colombia y se bajó de la Copa. En tiempo récord, fue suplantada por Costa Rica, cuya Federación indemnizó a los clubes que cedían jugadores.

Por esos días, se oye el rumor de que las FARC planean secuestrar a un jugador argentino. Los jugadores deliberan, el periodismo añade leña al fuego. Finalmente, el 10 (un día antes del comienzo de la competición) Argentina deserta. Veloces gestiones logran que en un avión militar colombiano llegue Honduras para reemplazar al equipo de Marcelo Bielsa.

Honduras eliminó a Brasil y Colombia fue campeón tras vencer a México. No faltó la teoría conspirativa de que todo había sido un ardid para allanarle el camino a la selección cafetera.

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Los dirigentes sudamericanos suelen tomar algunas decisiones difíciles de comprender. Cuando resolvieron ampliar el número de participantes en la Copa América, comenzaron invitando equipo americanos. Pero pronto perdieron el criterio. Ya para 1995 pensaron llamar a España, idea que no halló eco en Madrid. Pero para 1999, edición que se disputaría en Paraguay, rompieron toda lógica: la selección invitada era Japón. Los nipones no trajeron sus mejores jugadores y quedaron afuera en primera ronda. Pero no fue la única vez que los orientales pasarían por las competencias sudamericanas.

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La edición 2011 será recordada por el fracaso de la Argentina, que jugaba en casa y no llegó a semifinales aunque contaba con Messi, por el estado del campo del Estadio de La Plata y por un ausente.

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Ya en 2009, México anunció que no participaría, disgustada con la CONMEBOL por dejar afuera a los equipos mexicanos de los octavos de final de la Copa Libertadores. Era la crisis de la gripe A (H1N1) y nadie quería viajar a México. El conflicto se destrabó colocando de oficio 2 equipos mexicanos en octavos de la Copa 2010. Un disparate. Igual, la participación azteca estuvo en duda porque se superponían la Copa América con su contraparte del Norte, la Copa de Oro. Finalmente, México envió un equipo sub-22 con algunos refuerzos. De ese modo, los equipos serían los 10 de la CONMEBOL, México y…Japón. Sí, una vez más los dirigentes llamaron a los Samuráis Azules para “animar” la Copa.

La desgracia se abatió sobre el País del Sol Naciente. El 11 de marzo de 2011 se produjo el Terremoto seguido de tsunami, cuyas imágenes estremecieron el mundo entero.

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Producida la crisis nuclear de Fukushima, la Federación Japonesa debió renunciar al Torneo sudamericano. La Confederación buscó reemplazantes. Estados Unidos, Canadá, Honduras, Costa Rica y España fueron tentados sin éxito. A los pocos días, Japón cambió de idea y decidió viajar a Argentina. Pero el 16 de mayo fijó su posición definitiva: no participar de la Copa América. La Confederación consiguió el concurso de Costa Rica, que envió un equipo juvenil.

Los avatares de la pelota tienen muchos actores. Los que ganan, los que pierden y los que ni siquiera tiene la chance de participar. Hoy hemos recordado a estos últimos, los que por ausencia influyeron en el resultado final.

Barça – Madrid (2013/14)

25 oct

Este Sábado se juega el primer “partido del siglo” desde la salida de Mou del banquillo madridista. Esto no hace que la presión sea menor para este encuentro pero sí que relaja un poco los ánimos demasiado exaltados de otras temporadas. La salida del portugués ha hecho mucho bien al fútbol español. Quizá no a los seudoperiodistas deportivos, ni a algunos aficionados que buscan la polémica o el morbo antes que al propio deporte, pero en líneas generales el ambiente futbolístico de España se ha normalizado con la salida del luso, aunque él siga hablando de este país por Inglaterra adelante, con un rencor digno de ser sicoanalizado.

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Ambos conjuntos no están pasando por su mejor momento y es difícil pronosticar qué va a pasar mañana en el Camp Nou. El Barça de Martino no está ni mucho menos brillante como en otras temporadas, a pesar de los excelentes números que ha cosechado hasta el momento. Su lentitud, su juego impreciso de combinación y una defensa realmente blanda podrían costarle muy caro a este Barça que se sabe favorito por jugar de local, pero que también se ve vulnerable ante un Real Madrid con una contra devastadora que buscará en la presión y en la velocidad, su oportunidad para vencer al eterno enemigo.

El Real Madrid tampoco está para echar cohetes, ni en cuanto a juego, ni en cuanto a resultados. Los blancos son un equipo muy plano, con muy poco fútbol y siempre necesitados de la inspiración de Cristiano Ronaldo. Con todo, yo a este dubitativo Madrid le veo muchas opciones de rascar algo positivo en Barcelona. Simplemente es una corazonada. La lentitud y la falta de contundencia de mediocampo hacia atrás del Barça dará muchas opciones a los blancos, que algún día tendrán que ponerse las pilas a la hora de marcar goles.

También este derby (o clásico o como lo quieran llamar), será el primero en el que se crucen los dos fichajes “galácticos” de esta temporada. Gareth Bale y Neymar probablemente coincidarán sobre el césped y tratarán de convencer al mundo del fútbol de que sus honorarios y los millonarios traspasos que se han pagado por ellos están justificados.

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El galés, aún en rodaje y con problemas físicos, parece que no saldrá en el equipo titular y tendrá que esperar su oportunidad en la segunda parte.  Hasta ahora se ha visto a Bale como a un futbolista “tímido” que no encara, que no quiere el balón y que casi anda por el campo pidiendo disculpas a los compañeros por su mera presencia. Un traspaso muy sobrepagado, unas expectactivas demasiado altas y una afición muy exigente como la madridista, pueden hacer polvo (otra vez) a un gran futbolista, que no tiene culpa de haber costado lo que ha costado.

En cuanto a Neymar, sigo dudando de que el Barça haya fichado a un crack contrastado. Le veo mucho potencial al brasileño, pero aún está verde como futbolista de élite en Europa. A Neymar parece que le cuesta entender la dinámica del fútbol en España y se ve en muchas ocasiones rodeado de dos o tres rivales que le asfixian, sabedores de su poco físico y de la necesidad por los espacios que tiene el brasileño. El exfutbolista del Santos solo desborda cuando tiene metros hasta línea de fondo y nadie apoya a su marcador en defensa. Cuando las líneas están juntas y existen ayudas al lateral, Neymar desaparece poco a poco diluido en un mar de piernas y juego recio. De la docena de partidos que van de temporada solo en un par de ellos Neymar se ha mostrado igual de decisivo que en aquella infausta final contra España de la Confederaciones. La excusa de la adaptación se va agotando a cada jornada que pasa y la parroquia culé empieza a estar algo nerviosa al ver que la fama de “hype” del brasileño puede que no sea una exageración de “la central lechera”.

Mañana saldremos de dudas en estas y en otras cuestiones. Gane quien gane, ojalá sea un gran partido y el fútbol prime por encima de todo. Un Barça – Madrid siempre debería ser una fiesta del fútbol español y no un acontecimiento politizado por unos cuantos fanáticos que parasitan al fútbol en vez de amarlo.

 

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