Luigi Meroni.

No soy yo una persona especialmente supersticiosa.No creo en la mala o buena suerte de los gatos negros,ni del número trece,ni dejo de embarcarme por ser Martes,pero soy temeroso de Dios, temeroso de esos designios que nos escribe diariamente con renglones torcidos en situaciones cotidianas.

La historia que voy a contar parece la versión moderna de la obra teatral de Tirso de Molina ” El Condenado por desconfiado” en la que el destino de un personaje bondadoso era unido al de un sanguinario delincuente para probar la Fe de ambos.

Corría el año 1949,plena post-guerra mundial,años duros para Italia que eran soportados estoicamente con cine,fútbol y esperanzas de un futuro mejor.Una de esas esperanzas y alegrías para Italia era ver jugar al Torino de aquel tiempo,equipo que no tenía que ver nada con el moderno “catenaccio” y que evolucionaba sobre el césped con una naturalidad y una fantasía contagiosa para los espectadores.

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Aquel equipo,orgullo de Turín y de toda Italia tuvo el mismo triste destino que los Busby Babes 10 años después…tras un partido en Lisboa,el avión que les tenía que traer de vuelta a casa,se estrelló contra la Basílica de Superga y toda una generación de futbolistas italianos desaparecía entre las lágrimas de un país entero.El entierro fue multitudinario, asistiendo medio millón de personas al sepelio.El impacto y la paranoia causados en la sociedad italiana fue tan grande que para el Mundial de Brasil`50 , la selección de  Italia viajó en barco en vez de en avión.

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El Comandante de aquel vuelo fatídico se llamaba Luigi Meroni.

El día después de que la tragedia sucediera,un niño de 6 años jugaba despreocupado mientras veía a sus padres pegados a la radio, santiguándose al oir las espantosas noticias del accidente.Aquel niño se llamaba,al igual que el Comandante del avión siniestrado,Luigi Meroni y sería el artífice ,15 años después, del ascenso del Torino a las más altas cumbres del Calcio italiano.

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El futbolista Luigi “Gigi” Meroni era menudo, rápido y estilista en el regate.Era un jugador distinto en aquella Italia de los años 60,  no sobrada de talento y que a veces no comprendía aquel gusto desaforado por el regate del joven Meroni, que era capaz de volver hacia atrás si no le acaba de convencer el último regate que había hecho.Era el “Garrincha italiano”,el fútbol sublimado en arte.Este gusto por el estilismo sobre el campo no era casual,pues Gigi era un artista fuera de los terrenos de juego:pintaba,componía poesía,escuchaba jazz y leía a los “beats”.

Soñaba a cada regate con un solo de trompeta de Chet Baker y en cada galopada por la banda con un párrafo de “On the Road” de Jack Kerouac. Verlo jugar llenaba de gozo a muchos tifossi del “Toro”,pero también eran muchos los que lo criticaban por esos continuos desaires hacia lo establecido y por ese gusto excéntrico,que lo llevaba a hacer “performances” como pasear a una gallina con correa por las calles de Turín,irrumpir en la boda de su enamorada,parar la ceremonia y llevarse a la novia consigo o ir por las calles fingiendo ser un reportero mientras preguntaba a los viandantes : “¿Qué opina Usted sobre ese genio que es Gigi Meroni?”.

En aquella Italia tan conservadora,Gigi Meroni era un perro verde.Un tipo que se dejaba el pelo largo,escribía poesía,fumaba porros y vivía “en pecado” con una mujer separada, no podía ser el símbolo del país,por muchos regates que hiciera.Era el chico prohibido por los padres y que las muchachas amaban en silencio.

Aquel genio del Torino,llamado igual que el Comandante que se estrelló en Superga,tenía que tener un final trágico como buen artista romántico que se precie.Así,a la edad de 24 años y tras jugar un partido contra la Sampdoria (a la que vencen por 4-2), es atropellado el 15 de Octubre de 1967 en un cruce de calles de Turín por un joven de 19 años llamado Attilio Romero.Attilio era un fanático de Meroni,se llamaba a si mismo “meroniano”, empapelaba las paredes de su cuarto con fotos del jugador y hasta se peinaba de igual forma que el futbolista de Como.Su peor pesadilla sería matar a su ídolo y esa pesadilla se hizo realidad aquel día.

Otra vez Turín de luto.Otra vez por una desgracia.En esta ocasión le tocó al “loco”, al “excéntrico”, al jugador distinto que era amado e incomprendido a partes iguales.Quice años después de la última tragedia, volvieron los regueros de tifossi  por las calles de Turín hacia el cementerio, llorando por aquel jugador icónico.

Por si esto fuera poco en esta historia de casualidades,el joven Attilio Romero, tras superar la depresión por haber matado a Meroni, fue capaz de alcanzar la Presidencia del Torino,treinta y cuatro años después de la tragedia.

Tras un par de ascensos de categoría a la Serie A en las temporadas 2001/02 y 2004/05,acabó quebrando al Club del Piamonte.Otra vez había conseguido hundir a lo que más amaba.

Tengan cuidado, amigos…si les toca la Lotería siempre hay un piano de cola dispuesto a caerles desde una azotea .Los caminos del Señor son inescrutables.

 

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