Futbolistas con bigote

Creo que a estas alturas todo el mundo sabe que el verdadero hábitat natural del bigote fueron las décadas de los 60-70, aunque también en los 80 seguía gozando de mucha aceptación. Con los años 90 comenzó su lento declive hasta acabar siendo, a finales de la década, algo completamente demodé, propio de dandies, modernitos, abuelos o asiduos de la Blue Oyster. Es así, el metrosexualismo acabó con los mostachos, ese símbolo de virilidad y status que durante siglos lucieron los varones de todo el planeta. Lo mismo ocurrió en el fútbol, aquellos bigotes sesenteros o aquellos mostachos colombianos de mediados de los noventa parecen ya no tener cabida en la actualidad, con tanta gomina, perillita y depilación láser.

Antes los futbolistas (como decía Abe Simpson por Johnny Unitas) inspiraban confianza con sus looks. Parecían fontaneros o bedeles de instituto con esas orgullosas calvas y esos generosos bigotes, que nos hacían ver que si ellos podían ser futbolistas con su aspecto humilde, cualquiera podría. Tato Abadía o Carmelo eran los futbolistas de toda la vida: feos, fuertes y formales….y con bigote, claro.

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También Del Bosque o Manolo Preciado eran ejemplos de futbolistas patrios con bigote y aspecto de funcionarios del Estado, de esos que trabajan cara al público y parecen estar siempre muy ocupados.

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Pero no solo llevaron bigote humildes jugadores españoles, sino grandes estrellas e iconos sexuales de su época como George Best, el Beatle del fútbol, que lucía pelo largo, barba desaliñada y en muchas ocasiones un buen bigote, orgullo de Irlanda del Norte, y que hacía suspirar a toda fémina de United Kingdom.

 

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Por los años setenta hubo otro futbolista que hacía tener pensamientos impuros a más de una y que lucía un bigote decimonónico muy característico. Hablamos del tulipán Ronald Spelbos.

 

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También en Países Bajos jugaba otro célebre bigotón, que era como el Salvador Dalí del fútbol, buscando el pecho de Gala en cada salto de cabeza y divagando sobre el surrealismo de André Breton en cada corner.

En los años 80 y principios de los 90 llegó el canto del cisne de los mostachos. Se alcanzó el cúlmen del bigote en los terrenos de juego pero, a su vez, eso significó la lenta decadencia de los mismos hasta su casi total extinción de los campos de fútbol. ¿Quién no se acuerda de esta instantánea?

Parecen estar discutiendo por ver quién tiene el mejor bigote y como no se ponen de acuerdo, la cosa acaba como acaba.

Sánchez Jara fue de las últimas esperanzas para el bigote en España, pero su estilo no caló entre la juventud, que ya miraba de reojo la depilación de torso, los ciclos de gimnasio y el tunning como la nueva ola “cool” de su tiempo.

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El bigotón viril había muerto. Aquellos orgullosos mostachos observaban con espanto las perillas que parecen caminitos de hormigas, los peinados engominados y lo que es peor… el bigote metrosexual…un bigote minimalista en plan Hitler 2.0, cuyo exponente más claro  fue el inefable Guti.

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Muy lejos quedan ya aquellos años de Bergomi, Gentile o Migueli, en los que sabías que ese vello facial encima del labio superior iba a venir acompañado de una lluvia de palos, pellizcos y lesiones de menisco.Aquellos tiempos en los que los centrales no tenían que saber jugar al fútbol y cuya principal misión era golpear al balón (y a la tibia del rival) hacia delante.

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Odio eterno al fútbol moderno, señores…odio eterno…

 

 

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2 comentarios en “Futbolistas con bigote

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