Las botas de Donato.

Ser extra en cine y televisión tiene algo de humillante. Los extras son como seres humanos convertidos en maniquís zombis, sin más misión que mover los labios sin esbozar palabra o con el  simple cometido de “estar ahí”. Y así durante horas y horas y horas…con el único beneficio de un bocata y treinta eurillos. Aunque parezca increíble, hay  gente que se dedica “profesionalmente” a ser extra de TV, sobre todo en los inefables programas matutinos y de sobremesa, donde se necesitan a verdaderos zombis lobotomizados como público para hacerles saber a los televidentes que no están solos en su imbecilidad.

Realmente aguantar las cinco horas de “Sálvame Deluxe” en el plató sin poner mala cara ni cagarse en los muertos de los “contertulios” es algo digno de estudio. A veces cuando hago “zapping” y veo a toda esa gente ahí, con esas caras de ovejas camino al matadero, deseo con toda mi alma que haya una que se levante de la butaca y comience los disturbios que han de sacar del aborregamiento al país. Sería un bonito detalle. En Francia tomaron La Bastilla…en España tomaremos el plató de “Sálvame Deluxe” decapitando a Jorge Javier Vázquez en pleno directo.

Un servidor ha participado en dos ocasiones como extra. Mi primera vez fue en una película de infausto recuerdo, dirigida por un polifacético gallego que como director de cine es un gran músico, como músico es una gran persona y como persona es un maravilloso gilipollas. Con esas pistas, creo que no será difícil adivinar de quien se trata. Desde aquí le mando un caluroso saludo.

En claro de aquel rodaje saqué que jamás volvería a prestarme para hacer semejante mierda. Cinco mil pelas, un par de bocadillos y cuatro cervezas no compensaban por chuparse catorce horas de frío en invierno, con ropas de época de la Guerra Civil española y al lado de los yonkis locales caracterizados de mineros anarcosindicalistas. Aquello crispaba los nervios a un santo. Un rodaje es como un bucle infinito al centro neurálgico del suicidio. Estoy seguro que Kafka se basó en un rodaje de cine para escribir “El proceso”.

La segunda vez que asistí de extra lo hice para un anuncio de TV. Aunque tenía muy mal recuerdo de la primera vez, el caso es que en esta ocasión había motivos para ser optimista. El rodaje era en un campo de fútbol, pagaban bien y Donato era el protagonista. La decena de chavales que fuímos allí, íbamos más por codearnos con el brasileño que por el dinero…pero está claro que un dinerito extra para unos universitarios siempre viene bien. Era matar dos pájaros de un tiro y no hubo problema para copar las plazas de figurantes.

El anuncio era (agárrense) sobre una conocida marca de fertilizantes. ¿Qué pinta Donato anunciando fertilizantes?, se preguntarán ustedes….pues no lo sé…pero sin duda fue un rodaje igual de penoso, lento, ridículo y sin sentido que el que ya había vivido en el cine. No es que yo hubiera tenido mala suerte en la primera ocasión, es que “el mundo del espectáculo” era así. Sacar adelante una toma era cuestión de repetir, repetir y repetir hasta que los actos carecieran del más mínimo sentido.

Echar otras catorce horas para acabar pariendo una mierda de este calibre es para plantearse seriamente un cambio de profesión.

 

 

Impresionante, ¿eh? Pues lo mejor de todo es que ni nos pagaron por todo aquello. Abusaron de nuestra buena fe y nunca más tuvimos noticias del director ni de la agencia de publicidad. Literalmente nos usaron de maniquís zombis y se largaron con sus tomas.

Lo único positivo de aquella tarde-noche en el Campo de la Universidad fue conocer a Donato, que se mostró tal cual era: humilde, educado, paciente y con sentido del humor. Un servidor (que por aquellos años era un poco piratilla) le sonsacó al bueno del brasileño unas botas de fútbol con la excusa de que “eran para mi hermano pequeño”. El bueno de Donato no dudó de mi palabra y se presentó al día siguiente con dos pares de botas en los aledaños de Riazor. Allí volvió a demostrar su carácter humilde y perdió un par de minutos de su vida explicándome cómo había ido el resto del rodaje y lo absurdo que le había parecido todo.

Al menos no me fuí de vacío aquel día.Conocí al autor del gol que dió una Liga al Depor y me llevé un par de botas Joma del 40 1/2.  Las que estaban sin usar las vendí y las usadas me las quedé de recuerdo.

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Los extras de televisión heredarán la tierra…o al menos le sonsacarán unas botas a Donato.

Más de diez años han pasado ya de todo aquello…y parece que fue ayer. Al final Gardel va a tener razón en sus tangos.

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