Manuel Anatol, un hombre entre dos Patrias

España nunca podrá ser un país rico. Esto parece que va en contra de nuestra forma de ser y también contra los deseos de nuestros gobernantes. Ni cuando tuvimos el monopolio del oro y la plata mundial pudimos ser un país rico…ni tan siquiera fuimos un país capaz de sentar las bases para crear una Banca fuerte que permitiera hacer frente a los vaivenes económicos de la época sin necesitar de terceros, ya que casi todo el oro que entró procedente de América, acabó en los depósitos de banqueros centroeuropeos como los Fugger, que nos proporcionaban sustanciosos préstamos (a altísimo interés) para que hicieramos de Europa y el mundo una enorme Iglesia católica.”Dios es español”, decían en la época de Felipe II….y en base a esto todos los metales preciosos serían gastados en enaltecer su nombre y también (evidentemente) en francachelas de los poderosos, que tenían a España como su patio de recreo particular mientras el pueblo pasaba penurias y hambre.

En la actualidad sucede algo similar. Las grandes empresas están en unas pocas manos, la mayor terrateniente del país sigue siendo una descendiente del Duque de Alba y los centroeuropeos nos siguen dando préstamos y lecciones de economía a “el país de los nuevos ricos”, que a pesar de poseer infraestructuras punteras no tiene a casi nadie que las utilice.

El destino de España es ser de clase media-baja mientras sueña con que es rica y vive en el mismo barrio que Alemania o Francia. Los galos hace muchos años que nos han superado, tanto militarmente como en economía o en derechos sociales. Francia ha sido el referente social e intelectual de Europa desde hace siglos. Ellos fueron los que crearon la primera Enciclopedia que acercó la cultura al pueblo (que por aquel entonces no era más que un convidado de piedra, embrutecido a la fuerza por los estamentos más pudientes), los que hicieron del francés una lengua culta hablada en todo el mundo y los que fueron capaces de guillotinar al Antiguo Régimen y comenzar una nueva etapa de la Humanidad.

A pesar de todo esto, nuestros vecinos del Norte siempre han tenido un punto de envidia y de rencor por los logros ajenos. Yo me imagino a Francia como a una bella Dama, culta, viajada y que luce preciosos ropajes…pero que es también tremendamente pagada de sí misma y envidiosa de las virtudes de sus “primas del pueblo”, que aunque menos bellas, viajadas y cultas, cuentan con un gran bagaje vital y un desbordante talento y carisma.

No puedo comprender cómo un país que tiene un salario mínimo interprofesional tan elevado y una Historia, Literatura y Filosofía tan apasionantes…puede sentir tanto rencor por su vecino pobre del Sur. Nunca lo entenderé. El legendario carácter amargado y desagradable francés se hace carne y hueso a cada éxito del deporte español. Un país que ha sido siempre pieza clave de todos los “sports”, ve con profunda envidia e impotencia como el vecino pobre le sobrepasa en los deportes más populares. Un español en un podium de París es algo que molesta profundamente en Francia y que no puede ser aliviado ni por Victor Hugo, ni por Descartes, ni por Napoleón.

La Historia de Manuel Anatol es otro pequeño golpe al orgullo francés por parte de un “espingouin”. Anatol nació en 1903 en el barrio de Behovia (Irún) justo en la frontera con Francia. Su padre era vasco-francés y su madre irundarra. A pesar de la diferencia de edad entre ellos, surge el amor y acaban casándose y teniendo hijos. Uno de aquellos vástagos fue Manuel que ,aunque español, siempre defendió con orgullo su mitad francesa por línea paterna. Tanto fue así que llegó a servir en la Primera Guerra Mundial (siendo poco más que un adolescente) defendiendo la Patria de su padre.

Terminada la Guerra Mundial, el joven Manuel decide enrolarse en aquel sport de moda que era el fútbol. Es así como en 1920 debuta con el Real Unión de Irún a los 17 años. Manuel era un atleta completísimo, además de un hombre de gran capacidad intelectual, llegando a compaginar atletismo,fútbol y la carrera de Ingeniería Industrial con notables éxitos en los tres campos. Como atleta llegó a ser campeón de España de 100, 200 y 400 metros lisos, aunque la Federación de Atletismo española no lo reconoció como ganador por ser ciudadano francés.

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Entre exámenes de Mecánica y carreras sobre pista de ceniza, el joven Manuel tiene tiempo de impresionar a todos los ojeadores de fútbol de la zona con su excelente colocación sobre el césped y sus grandes cualidades defensivas. Es así como acaba fichando por el Athletic de Bilbao en 1926. Con “los Leones” disputa poco más de una decena de encuentros antes de ser llamado a filas por el Ejército Francés para cumplir el servicio militar obligatorio. Estando aún en milicias el jugador es captado por el Racing de París con el que se convierte en una leyenda del fútbol francés de entreguerras, alcanzando incluso la internacionalidad absoluta con el país galo. Manuel Anatol fue una de las ausencias más destacadas del equipo francés en el Mundial de Uruguay 1930. Sin su potencia y colocación el equipo francés (capitaneado por el infame Villaplane) sucumbiría en primera ronda.

A pesar de desarrollar casi toda su carrera futbolística en Francia, haber defendido a Francia en la Primera Guerra Mundial y haber hecho “la mili”  bajo pabellón francés, Manuel Anatol Arístegui nunca olvidó España…la tierra que le vió nacer a él y a su madre.Tan fuerte era el recuerdo de España en su corazón que llegó a protagonizar una anécdota que habla bien a las claras de qué parte estaba el alma del irundarra. Hacia el final de su carrera, siendo jugador del Atlético de Madrid, Manuel Anatol fue vuelto a convocar por la selección francesa en 1933. El telegrama que recibió aquel día de Paris decía así:

“Señor Manuel Anatol Arístegui está convocado de nuevo con la selección de Francia.Fecha y lugar:23 de Abril, Estadio de Colombes. Rival: España.”

Manuel Anatol,dos días después de recibir aquel telegrama contestó…y lo hizo de esta forma:

“He defendido con orgullo a la selección de Francia.He defendido a Francia con las armas en la mano. El 23 de Abril no estaré en Colombes. Contra mi Patria no juego”

Los franceses tomaron aquello como una traición y no lo volvieron a llamar más, pero estoy seguro de que el padre de Manuel, francés como era, se sintió orgulloso de la decisión valiente y honesta que tomó aquel día su hijo. La verdadera “grandeur”es aquella que es tan evidente que no hace falta ni mentarla. De ésa iba sobrado Manuel Anatol.

 

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