Leónidas,el negro que liberó al fútbol.

No hay nada más liberador para mí que estar descalzo,lejos de esas prisiones que son los zapatos y de esas horcas que son los cordones.Cuando vuelvo a casa tras un largo paseo,voy pensando en quitarme los zapatos,echarme un poco de agua fría sobre los pies y sentir el parqué en mis plantas.Automáticamente acelero el paso para llegar más rapido a mi hogar y sentirme a gusto lo antes posible.

También me encanta jugar al fútbol descalzo en la playa.Sentir el tacto del balón en el empeine o en el exterior del pie cuando lo golpeas es una sensación maravillosa.No entiendo a esa gente que va a la playa a jugar calzada..es como ir al Caribe en pleno verano y con plumífero.

El fútbol es libertad,naturalidad,diversión e improvisación….jugar en la playa descalzo es volver a los orígenes del juego.Simplemente con una balón y cuatro montículos a modo de porterías, ya se puede jugar al fútbol…no hace falta nada más.Jugando descalzo se aprende a golpear bien el balón y no hacerse daño,descalzo se tiene mucha más precisión en el golpeo que con unas botas de fútbol puestas…jugar descalzo es la unión entre los dos cueros,el tuyo y el del esférico.

Si te haces daño golpeando el balón de empeine o de interior,aprenderás a dar pases pisando la pelota y empezarás a usar tu pierna mala mucho más.Jugar descalzo debería ser obligatorio cuando se es niño para tener más recursos en los años posteriores.Así aprendieron a jugar los más grandes: Garrincha,Corbatta,Pelé,Maradona,Rivaldo…. aunque ellos no lo hacían por gusto sino por necesidad.De la pobreza salieron siempre grandes genios.La necesidad azuza el talento.

Uno de estos jugadores de leyenda que salieron de los estratos más humildes de la sociedad fue Leónidas da Silva,”el Diamante negro”.Nacido en Río de Janeiro en 1913,pronto se unió a los “meninhos da rúa” para patear balones hechos de trapos por las calles de la ciudad carioca.Las favelas fueron su primer Estadio y sus pies descalzos sus primeras botas de fútbol.En las calles aprendió lecciones que no se enseñan en ningún entrenamiento ni en ningún gimnasio.En la calle aprendió la esencia del juego que le serviría para hacer de la improvisación un guión formal durante toda su carrera.Así fue como Leónidas patentó “la chilena” o “remate de bicicleta”.Aquella forma de remate era un recurso técnico pero también un recurso estilístico.Hay que sentir el fútbol muy dentro para realizar ese remate con naturalidad y eficacia.

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No solo por esto pasó a la Historia del fútbol Leónidas da Silva,sino por hacer del balompié algo más humano de lo que era en los albores de los Mundiales de fútbol.

Corría el año 1938 y se disputaba por segunda vez consecutiva el Mundial en Europa.Francia había sido elegida como sede para albergar la fase final de aquel Campeonato Mundial.Los grandes favoritos para el triunfo eran italianos,franceses,húngaros y brasileños.Brasil por aquel entonces aún no tenía la prensa de equipo temible que posee en la actualidad, pero contaba ya con mimbres que hacían presagiar lo que después vendría.

A cada partido disputado en el Mundial galo,la fama del equipo carioca crecía.Eran la revelación del torneo…y sobre todo su estrella Leónidas, que acabaría siendo el máximo artillero de la Competición aún habiendo caído en semifinales contra Italia.A pesar de la derrota en aquel partido contra los transalpinos la actuación de los cariocas fue excepcional en todos los ámbitos.El cúlmen de la actuación brasileña en aquel Mundial vino el 5 junio de 1938 en el partido de octavos de final contra Polonia.Sobre un campo embarrado tuvo lugar un encuentro sin más defensa que el ataque.Fue así como el encuentro llegó al 6-5 final a favor de los brazucas,tras la prórroga.

Leónidas aquel día marcaría tres goles y pasaría a la Historia por marcar uno de ellos de una forma muy familiar para él,pero muy extraña para los europeos.En medio de aquel barrizal, a Leónidas da Silva se le rompería una bota y tendría que acercarse a la banda para que el utillero se la remendase como buenamente pudiera.Los minutos pasaban y el utillero seguía sin dar una solución a aquel problema,por lo que “el Diamante negro”, ni corto ni perezoso,salíó al césped descalzo sin que el árbitro se percatase y marcó un gol.El barro era tan abundante en aquel Stade de Mienau de Estrasburgo, que nadie reparó en que la estrella carioca había marcado un tanto de forma ilegal.

Nunca más volvió a suceder esto en un Mundial.Aquel día el fútbol profesional y el de la calle, quedaron unidos para siempre.Conviene no olvidar nunca que las botas,las camisetas caras ,los contratos multimillonarios y los peinados engominados,son añadidos artificiales a este maravilloso deporte que se llama fútbol.

El verdadero fútbol es Libertad.Leónidas da Silva lo sabía.

 

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