Historias de ausentes.

Hoy el columnista invitado en el blog se llama Germán Magide.Él es un amigo argentino enamorado del fútbol y de la lectura,que de vez en cuando vendrá a compartir con todos nosotros sus conocimientos y experiencias.

Hoy Germán nos hablará de esas selecciones nacionales de fútbol,que por diversas desgracias de la vida no pudieron participar en  fases finales de Eurocopas y Mundiales,a pesar de estar clasificadas.

 

En 1992, Europa se preparaba para una nueva edición de la Eurocopa. Para este torneo, que se disputaría en Suecia, estaba clasificada Yugoslavia. Pero las atrocidades del régimen de Milosevic le valieron a la nación balcánica el bloqueo internacional y la prohibición para competir deportivamente. Ni corta ni perezosa, la UEFA recurrió a Dinamarca que había quedado detrás de los yugoslavos en la eliminatoria. Los daneses acudieron a la cita y salieron campeones de manera brillante. De aquella copa se recuerdan las grandes actuaciones de Peter Schmeichel y Brian Laudrup.

 

 

Esta no sería la primera ni la única vez que a una cita futbolística internacional faltara uno de los invitados. Entre los casos históricos; hay algunos insólitos, otros ridículos y los demás tristes. Repasemos las ausencias a los Mundiales.

Para 1930, la FIFA contaba con 50 afiliados. Sin embargo, a la primera Copa del Mundo concurrieron sólo 13 selecciones. Fue la única vez que no hizo falta jugar Eliminatorias.  Las razones para semejante deserción hay que buscarlas por lo geográfico. En aquel tiempo, viajar de Europa a Uruguay llevaba 45 días en barco. Cuando los europeos vieron eso, rehusaron participar. A eso se le sumó el desdén de los Asociaciones Británicas, que consideraban que ir a un Mundial era mezclarse con los aprendices. Solo 4 selecciones del Viejo Mundo (Bélgica, Francia, Yugoslavia y Rumania) evitaron, junto a Estados Unidos y México, que el primer Mundial fuera un mero campeonato sudamericano.

Para 1934, Uruguay se negó a concurrir a la segunda Edición del torneo, en represalia por lo ocurrido en su Mundial. Fue el único Campeón que no asistió a defender el título obtenido. Los British siguieron con su política de aislamiento. Cuatro años más tarde, Argentina lideró el boicot que los países americanos   (con excepción de Brasil y Cuba) realizaron contra la decisión de la FIFA de mantener la sede en Europa. Sin embargo, pasado el plazo de inscripción, la nación rioplatense quiso participar. Se habían arrepentido del boicot. La Federación Internacional hizo una excepción y le concedió la plaza, pero en Buenos Aires resolvieron ser coherentes con la primera decisión y se abstuvieron de competir. España, gran animador de la Copa de 1934, se desangraba en la Guerra Civil y no estaba para asuntos tan frívolos como un Torneo de Fútbol.

Después, vino un largo silencio de 12 años. Hasta que en 1950, la Copa volvería a disputarse. Brasil sería la sede.

La FIFA había determinado que la competencia estaba reservada para 16 equipos nacionales. Sin embargo, al Torneo concurrieron solamente 13. ¿Qué pasó con el resto? La historia es interesante y curiosa.

Ya antes de comenzar la eliminatoria; Argentina, Perú y Ecuador desistieron de participar. Colombia se había desafiliado y Venezuela recién sería miembro de la FIFA en 1952. Se resolvió aboliendo las preliminares en Sudamérica y concediendo la clasificación oficiosa a Paraguay, Uruguay, Chile y Bolivia. En Europa, se borraron Austria, Bélgica y Finlandia. Alemania estaba inhibida de participar debido a sanciones internacionales por los crímenes cometidos en la Segunda Guerra Mundial. Otro tanto le ocurrió a Japón. Las eliminatorias se jugaron con lo que quedaba. Después de disputado el torneo preliminar, las 16 plazas quedaron cubiertas. Y ahí empezó lo curioso.

Escocia había quedado encuadrada con el resto de las Asociaciones Británicas, que por vez primera participarían en una Copa del Mundo. Pero el grupo eliminatorio (que concedía dos lugares al Mundial) era, además, la Copa Británica de Naciones y los hijos de William Wallace anunciaron que sólo concurrirían al máximo torneo si resultaban primeros y ganaban  dicha copa. Pues bien, salieron segundos y, encaprichados, dijeron “Ahora, no vamos”. ¿Por qué la FIFA  no los reemplazó? Porque invitó a Francia a ocupar el lugar vacante y los galos al principio dijeron que sí. Solo que, al hacer cuentas, vieron que el viaje era muy caro y desistieron.

Otro que ganó el derecho de participar  y luego renunció a él, fue Turquía. El equipo otomano –que se había beneficiado con la deserción de Austria – goleó a Siria y clasificó, pero adujo razones económicas y resignó su pasaje. Ahora bien, ¿no sabían antes de la eliminatoria dónde era el torneo y cuánto costaría llegar? Se invitó a Portugal, pero los lusitanos declinaron el convite.

El caso más desopilante es el protagonizado por la India. El gigante asiático era en aquellos años animador habitual de los torneos olímpicos de fútbol. Y favorecido por las declinaciones de birmanos, filipinos e indonesios ganó el pasaje a Brasil, sin necesidad de jugar. Pero los indios querían jugar descalzos, sin botines. Y el Reglamento del Fútbol prohíbe competir en esas condiciones. Cómo ni la FIFA  ni los hijos de Ghandi (empeñados en otra resistencia pacífica) dieron el brazo a torcer, la selección asiática se quedó sin participar. Fue lo más cerca que estuvieron de un Mundial.

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Con 13 equipos, la Copa se jugó con dos grupos de 4, uno de 3 y uno de, solamente, 2. En este último se midieron Uruguay y Bolivia, con contundente 8-0 a favor de los Celestes. Así, con un único partido, los Orientales llegaron a la ronda final.

He querido dejar para el final el caso más triste. En octubre de 1937, el Wunderteam de Austria logró la clasificación para el Mundial de 1938. Eran años oscuros y se volverían más oscuros aún.

En marzo de 1938, el Tercer Reich proclamó que Austria era una provincia alemana. Este episodio se llamó el Anschluss. La Alemania nazi, con sus aspiraciones imperialistas, había anexado los Sudetes y recuperado el Sarre; y proseguía con su política de expansión. Para salvar las apariencias, se realizó un referéndum que ganó abrumadoramente la opción por la unión a Alemania. Claro que la votación no fue secreta, sino que el austríaco debía completar la papeleta delante de todos. El espacio para escribir NO era pequeñísimo y el destinado a votar por la afirmativa era enorme. Y luego debía entregar el papel a un oficial de la Gestapo o de la SS, que lo colocaría en la urna. En esas condiciones, el plebiscito fue una farsa. El país de Mozart y de Sindelar dejó formalmente de existir y, por lo tanto, no pudo enviar un equipo representativo a Francia. Algunos jugadores austriacos optaron por integrar el seleccionado alemán que, tal vez por justicia poética, quedó eliminado rápidamente a manos de Suiza.

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¿Qué selección ocupó el lugar del Wunderteam? Ninguno. Los suecos se encontraron sin rival y entraron directamente en cuartos de final (Se jugaba por eliminación directa)

Tal vez, la FIFA no tuvo tiempo de buscar un reemplazo para los austríacos. O, tal vez, no quiso ser cómplice de una injusticia. Lo cierto es que, para que los hombres no olviden la ignominia, el espacio robado a Austria en el tercer Mundial quedó para siempre desocupado.

 

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2 comentarios en “Historias de ausentes.

  1. Gran post,Germán.Muchísimas gracias por tomarte las molestias de escribirlo y compartirlo conmigo y con todos.

    Si ves algo que quieras corregir,házmelo saber y encantado lo cambiaré.

    Un abrazo…y espero verte pronto por aquí. 😉

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