La verdad sobre “El partido de la Muerte”.

Hace ya unos meses escribí la típica entrada que tienen todos los blogs de fútbol acerca del partido entre los nazis alemanes y el Start ucraniano. Quizá sea la “anécdota” de fútbol más conocida por todos los aficionados, a raíz de las películas que se realizaron sobre ella. La verdad es que es la clásica historia que gusta a grandes y pequeños, y que hace que nos pongamos de parte del débil ucraniano ante el monstruo alemán. Pero parece ser que esa historia no fue tan así como nos cuentan, sino más bien todo lo contrario.

Me gusta la Historia, pero cada vez soy más consciente de que muchas cosas que damos por ciertas y que son repetidas como mantras por la población, no son más que medias verdades manipuladas para poner a la gente a favor del régimen gobernante. Ser estudiante de Historia y reparar en que muchos de los acontecimientos de hace cincuenta, cien o doscientos años están tergiversados no debe de ser algo demasiado agradable.

Este blog no pretende ganar un Premio Pulitzer pero tampoco es mi intención contar medias verdades para perpetuar mentiras a través de Internet. Por encima de escribir historias emotivas y curiosidades del fútbol me gusta la verdad y ser honesto en todo lo que cuento. Por ello tengo que poner la “otra” versión de “El Partido de la Muerte” que salió recientemente en http://www.magazinedigital.com.No digo que esta segunda versión sea la verdad absoluta, pero nos ayuda a ver hasta qué punto estamos manipulados por “El Gran Hermano”.

 

LA VERDAD SOBRE EL PARTIDO DE LA MUERTE

(texto de Ana Lázaro Bosch)

Durante décadas, se ha hablado de un partido de fútbol que el 9 de agosto de 1942, en Kiev, disputaron soldados alemanes y jugadores ucranianos y de cómo estos, victoriosos, fueron fusilados. Setenta años después, la historia aún suscita debate. Un superviviente explica una versión más realista.

Kiev, 9 de agosto de 1942. Dos equipos de fútbol se enfrentan en el terreno de juego. Uno está integrado por soldados alemanes, el otro por jugadores de fútbol ucranianos. Los primeros se juegan su prestigio como fuerza de ocupación; los segundos, su supervivencia. Saben que si quieren vivir, deben perder. Pero ganan… y pagan su acto de coraje frente al pelotón de fusilamiento.

Hubo que esperar hasta la caída de la Unión Soviética para descubrir que esta leyenda bien arraigada en los países de la Europa oriental tenía poco de realidad y mucho de propaganda. Algunos hechos la sustentaban: el partido tuvo lugar, los locales ganaron y cuatro jugadores del Dinamo de Kiev murieron fusilados. Pero el cómo y el porqué de estos acontecimientos poco tiene que ver con la épica narrativa de la época comunista.

El último superviviente de ese partido recibe a la periodista en su casa de Kiev, un apartamento communalk, que conserva la vieja estructura de baño y cocina compartidos. Vladlen Putistin tenía entonces ocho años, hizo de recoge-pelotas y era hijo de uno de los jugadores, Mijail Putistin. Recuerda que en el partido hubo pasión, pero niega que hubiera juego sucio o amenazas: “No hubo patadas, nadie dijo a los jugadores que tenían que perder; hubo momentos muy tensos, pero sólo porque el partido fue intenso, con una gran remontada”. Y para probarlo, muestra una fotografía tomada justo después del partido. En ella se puede ver a los jugadores de ambos equipos posando mezclados y sonrientes.

Un ambiente muy diferente al descrito por el periódico Kyivska Pravda al término de la guerra: “Los jugadores saltaron al terreno con el mismo espíritu con el que se participa en una acción de guerra […] Decenas de miles de personas fueron testigos de la humillación alemana y del triunfo de nuestros atletas”.

Y el mito quedó definitivamente consagrado en 1963 con la película El partido de la muerte, donde con gran dramatismo se narran las amenazas de muerte proferidas por un oficial alemán durante el descanso y el heroísmo de los jugadores locales que desafían a las fuerzas de ocupación y mueren fusilados esa misma noche.

Pero Putistin lo desmiente: “después del partido volvimos a casa y lo celebramos; unos días más tarde, incluso se jugó otro partido; las detenciones llegaron después”. De hecho, este partido formó parte de una serie de diez encuentros, tal y como explica el periodista deportivo e historiador ucraniano Valentin Scherbachov: “El partido de la muerte, como tal, no existió; se disputó una serie de encuentros que siempre ganaba el equipo local, lo que provocó que en 1942 el nuevo comandante local prohibiera los partidos para evitar el descrédito de las fuerzas que ocupaban la ciudad de Kiev”.

El equipo alemán, conocido como Flakelf, estaba integrado por pilotos y soldados de la defensa antiaérea que, como explica Scherbachov, “estaban bien alimentados y en buena forma, pero carecían de técnica”. Frente a ellos, el Start contaba con jugadores del Dinamo de Kiev y de otros equipos soviéticos que, pese a su debilidad física, contaban con un gran nivel futbolístico. Eso explicaría las victorias sucesivas de los locales y la suspensión del campeonato. Pero no las detenciones ni las muertes que llegaron después.

Putistin rememora la detención de su padre, tal y como se la contó él mismo. En aquella época trabajaba en un obrador de pan junto a otros jugadores. El propietario, de origen checo, era un gran aficionado al fútbol y les había contratado para ayudarles a sobrevivir en la ciudad ocupada. “El 18 de agosto llegó la Gestapo y fue pronunciando uno a uno los nombres de los jugadores: ‘Tal y tal, salid’. Se los llevó a todos para interrogarlos. Querían saber si había miembros del Partido Comunista”, explica.

Sobre el porqué de estas detenciones circulan, una vez más, varias versiones. La más heroica afirma que los jugadores habían puesto cristales rotos en el pan destinado a los oficiales alemanes. Pero una vez más la realidad se impone: “El Dinamo era una estructura del NKVD, la policía secreta soviética” explica el periodista Scherbachov. “Y fueron precisamente los jugadores del Dinamo: Nicolai Trusevich, Ivan Kuzmenko y Alexei Klimenko, los que finalmente murieron fusilados”.

En el libro italiano I piedi dei Soviet (Los pies de los Soviet), el escritor Mario Alessandro Curletto escribe que la Gestapo quería saber si entre los jugadores había miembros de la resistencia capaces de realizar tareas de sabotaje y espionaje. Y los interrogatorios se cobraron una primera víctima, el jugador Nikolai Korotkich, que había sido detenido aparte y que murió como resultado de las torturas. La Gestapo había descubierto que era miembro del Partido Comunista, y una foto suya en uniforme les sirvió para determinar su pertenencia al NKVD.

A falta de pruebas contra los otros jugadores detenidos, los alemanes optaron por enviarlos al campo de detención de Syrec, a las afueras de Kiev, donde fueron separados en diferentes grupos y donde los tres jugadores del Dinamo fueron asignados al equipo encargado de transportar la leña. Sobrevivieron seis meses más y cayeron, probablemente, víctimas de la tensión en el campo de batalla. Los alemanes sufrían cada vez más, perdían terreno y la batalla de Stalingrado tocaba a su fin. Esta tensión se sentía también en el campo de detención y cualquier incidente podía desembocar en un fusilamiento. Un robo de carne habría sido el desencadenante del desenlace fatal para los jugadores del Dinamo.El paso del tiempo ha permitido aclarar muchos puntos de la historia, pero el partido de la muerte sigue levantando ampollas. El estreno de la película rusa Match tuvo que ser pospuesto en Ucrania hasta el final del reciente Campeonato Europeo de fútbol. En ella se narra por enésima vez el mítico partido, pero en esta ocasión los personajes que hablan en ucraniano son presentados como colaboracionistas. Y Putistin, cuyo padre logró sobrevivir, ha llevado a un periódico ruso ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estraburgo por insinuar que sólo los informadores lograron esquivar el pelotón de fusilamiento.La guerra fría ha terminado, pero la propaganda sigue, ahora en clave de política regional.

5 comentarios en “La verdad sobre “El partido de la Muerte”.

    1. Tú fíjate…se pasa de héroes a traidores en cuestión de 70 años.La URSS los puso en los altares y ahora Ucrania los quiere vender de colaboracionistas nazis.

      Al final ya no sabes ni qué pensar…

      Un abrazo,Tis.

  1. El hecho de saber, estimado Alberto, que sucesos del pasado son oscuros (u oscurecidos) por la propaganda oficial u opositora deben ser para el historiador antes que un desaliento, una motivación: El desafío de revelar la verdad escondida

    1. Eso debería de ser,sí…pero la realidad es que los Historiadores son parte del sistema “mentiroso” junto con los periodistas.

      Los verdaderos Historiadores no están en los Parlamentos,ni en los Senados,ni en las tertulias vespertinas,ni en ningún lado…

      Los verdaderos Historiadores apenas venden libros en comparación con los fantoches que hablan de Santos Griales en Albacete o que los Reptilianos nos gobiernan.A mucha gente, la verdad se la trae al pairo…solo quieren historias que encajen en su visión y nada más.

      Un abrazo,Germán.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s