Diego Tristán, luz de bohemia

Aunque en el blog no suelo hablar de jugadores recientes, con Diego Tristán haré una excepción porque realmente la merece. Su historia está a la altura de otros grandes bohemios del fútbol en blanco y negro, que tuvieron unos cuantos años de buen juego antes de desaparecer poco a poco de la escena consumidos por sus propios excesos.

A Diego Tristán no sabe uno si aplaudirle por lo que fue o abofetearle por lo que pudo haber sido. Cuando ves sus goles algo te recorre el cuerpo seas del Depor o de cualquier otro equipo. Tristán era el jugador de calle de toda la vida…de esos que en la actualidad parecen en peligro de extinción. Habilidoso hasta límites circenses, pisaba la pelota y hacía cosas que solo se ven en pachangas veraniegas callejeras. Diego era un jugador distinto con un último toque increiblemente eficaz y talentoso….una joya para el espectador.

En sus años de esplendor por Coruña, el sevillano se granjeó también la fama de crack a la hora de salir de fiesta. Lo podías ver por la zona de copas cualquier día de la semana. Siempre iba solo y le importaba muy poco que lo vieran tomar cubatas y fumar por los pubs. De hecho parecía que hasta le gustaba que los chicos lo admiraran y que las chicas se arremolinaran a su alrededor mientras tomaba copas repantingado en los taburetes de la barra.

La afición lo amaba y parecía no importarle demasiado aquel comportamiento de niño alocado del que hacía gala…hasta parecía que a un sector de la grada le divertía tener a un “Mágico González” en la plantilla. Pero cuando los balones le dejaron de besar las mallas tan frecuentemente, la afición (los mismos que antes le llamaban crack) le empezó a llamar borracho. Así de voluble y tirana es la afición del fútbol.

No digo que las críticas fueran injustificadas, pero es que a Diego Tristán o lo tomabas tal cual era o lo dejabas correr. No podías pedirle que en sus días libres no saliera o no hiciera esto o aquello. Tristán pasaba de todas estas imposiciones y acabó pagándolo con intereses a la larga. Pocos salieron a defenderlo cuando su racha goleadora tocó a su fin. Se había ganado la enemistad de mucha gente con su actitud soberbia, chulesca y de divo del fútbol.

Diego no pagó una factura tan alta como otros que tocaron el Olimpo del fútbol y murieron a los 40 años con el hígado destrozado…pero sí que tuvo que pagar una cuenta que su ego no pudo soportar… nunca pasó de ser un muy buen jugador a pesar de que tenía madera para haber sido una figura de este deporte.

Su última temporada en el Deportivo ya auguraba que la cuesta abajo del futbolista era inminente. Aún no tenía 30 años pero ya había perdido la chispa,ya no desbordaba, los balones que antes iban por la escuadra ahora le iban a la grada…era como una parodia lastimosa y grotesca de lo que antes había sido. Su salida del Depor no fue demasiado traumática porque ya hacía mucho tiempo que su permanencia en el Club lo era. El divorcio entre jugador y afición era más que evidente.

Del Depor fue al Mallorca donde duró unos cuantos meses antes de que los bermellones lo echaran a patadas por poca implicación y bajísimo rendimiento. De Mallorca pasó a Livorno. La Liga italiana parecía su último cartucho para engancharse al vagón del fútbol de élite. La casualidad quiso que un servidor estuviera en Livorno justo cuando Tristán formaba parte de la plantilla del Club de la Toscana. Tras unas cuantas cervezas Moretti me atreví a hablar con un camarero sobre él…a ver qué le parecía. Mezclando gallego, castellano e inglés intenté pedirle una descripción del estilo de juego de Diego. Su cara y sus gestos fueron indescriptibles pero más o menos vino a decir que Tristán era un jugador con calidad, pero un picha fría que solo la quería al pie y que no corría así lo mataran. Lo cierto es que lo caló bastante bien y a mi me sacó unas carcajadas que no sé si tenían que ver más con mi tasa de alcohol creciente o con la forma de expresarse de aquel camarero italiano.

En Italia tampoco tuvo suerte Diego Tristán y acabó descendiendo al Livorno. El sevillano parecía ya un futbolista sin estrella. Un jugador lento y sin confianza al que no le salía casi nada a derechas sobre el césped. Conservaba aún ciertos destellos pero ya quedaba muy poco de aquel tipo que era capaz de quebrar a tres defensas en medio metro cuadrado para marcar un gol de antología.

Aunque su carrera languidecía, su fama aún traspasaba fronteras. Fue así como el West Ham llamó a su puerta, tras su salida de Livorno. Sus actuaciones en Champions League contra el Manchester United aún permanecían en la retina de Zola, técnico del West Ham, que vió en él al jugador distinto que podría abrir la lata en un momento dado. No jugó demasiado en la Premier pero dejó alguna perlita digna de su enorme talento. Ya no era ni la sombra de lo que había sido pero aún conservaba el “touch” para ocasiones especiales.

Su último equipo sería el Cádiz de la 2ª B española en una especie de homenaje caprichoso a Mágico González. La mitología futbolera hizo un guiño al aficionado gaditano. Quizá Diego no fuera Mágico, pero tampoco tenía demasiado que envidiarle en ninguna de sus facetas, tanto deportivas como personales. Allá gastó sus últimos cartuchos de fútbol el que pasa por ser el delantero español más talentoso de los últimos 30 años, el epicúreo de La Algaba, el Curro Romero del fútbol, el Baudelaire del balompié…el niño vestido de hombre que solo quería la parte buena de la vida.

2 comentarios en “Diego Tristán, luz de bohemia

  1. Que grande Dieguito, a pesar que no fue su mejor campaña, me quedo con la versión 03-04, con ese gran partido que le hizo al Madrid en Riazor, en donde hizo un caño a Zidane y un quiebre a Pavón (si no recuerdo mal), a parte de un golazo a Casillas en donde va hasta un banderín y lo arroja con furia, por último sólo que queda volver a decir, que grande Dieguito

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