Héctor “el manco” Castro.

Hace un par de días acabaron las Paraolimpiadas,esos Juegos Olímpicos  para gente con distintas minusvalías y cuyos éxitos suelen tener bastante poca difusión.A veces pienso qué sería de mi vida si hubiera perdido un brazo, una pierna o me hubiera quedado parapléjico y la verdad es que me entran escalofríos.Tiene que ser duro levantarte por la mañana mirarte al espejo y verte cercenado,incompleto como un maniquí a medio romper abandonado en la calle.Estoy seguro que me hubiera derrumbado y llorado mucho al verme unido a una prótesis o postrado para siempre en una silla de ruedas.Es por eso que cuando veo a los deportistas paraolímpicos me emociono,eso sí que es verdadero espíritu de superación por encima de las miradas compasivas y condescendientes de unos y los chistes y humillaciones de otros.Se le debería dar mucha mayor difusión a las Paraolimpiadas y más en estos tiempos de crisis económica, en los que el pesimismo está en la cabeza de muchos.Si un paraolímpico sonríe,nada,salta,corre y compite al más alto nivel…¿cómo nosotros no vamos a hacerlo? ¿cómo no vamos a luchar por algo?.

El primer discapacitado del fútbol tenía orígen gallego pero nació (como tantos otros) en América….más concretamente en Uruguay.Su nombre era Héctor Castro y sería conocido unos años después como “el divino manco”.Héctor nació en Montevideo en 1904 y desde muy pequeño se vió en la obligación de trabajar con su padre en la fábrica.Por aquel tiempo,no había convenios laborales,ni actas contra la explotación infantil y aquellas cosas eran tristemente habituales en todo el Mundo.Héctor era un niño aún cuando perdió su mano derecha con una sierra eléctrica.En vez de estar jugando con balones de fútbol,soldaditos de plomo y cochecitos,Héctor estaba ayudando a su padre en una fábrica ,rodeado de martillos,llaves inglesas y sierras eléctricas.No fue el único que quedó amputado a lo largo de la Historia,pero sí que fue el más famoso (con permiso de Kopa).

Con un muñón por mano derecha, el joven Héctor,en vez de amilanarse y caer en la autocompasión,sacó pecho y le plantó un pulso al Destino.Él sería jugador de fútbol profesional.Quizá no portero como era su sueño al principio,pero sí jugador de campo.Sus primeros entrenadores le enseñaron a usar su handicap como arma de ataque.El muñón de Castro fue usado en multitud de ocasiones para golpear costados,pechos o caras rivales.Parece que la ausencia de la mano al final del brazo hacía menos descaradas las faltas porque fue una de sus especialidades a lo largo de su carrera.Los rivales asistían atónitos a las evoluciones de aquel lisiado que no solo jugaba mejor que ellos al fútbol sino que los golpeaba a la mínima ocasión que tenía.

Con esa picardía y ese talento goleador con el que contaba,era cuestión de tiempo que fuera fichado por uno de los grandes conjuntos de la capital de Uruguay.En 1923,Héctor Castro,sería fichado por el Nacional de Montevideo,procedente del Athletic Club Lito.Por aquellos tiempos,era raro que un Club tan importante fichara a un jugador tan joven (19 años).Si a su corta edad añadimos su discapacidad física,es evidente que los directivos del Nacional tenían claro que estaban ante un auténtico fenómeno que marcaría época en el fútbol del país.

El olfato no les falló a los dirigentes del Nacional,que vieron como aquel jugador se convertía en referencia del Club y de la selección charrúa.Con el Nacional de Montevideo lograría tres Ligas en diez temporadas,marcando 145 goles en 231 partidos.Defendiendo a “la celeste” ,sus éxitos aún serían mayores al alzarse con dos Copas América,un Oro Olímpico y un Campeonato Mundial.Un palmarés impresionante sobre todo si pensamos que se trata de un futbolista con una discapacidad física y que era él el jugador titular tanto en Nacional como en la selección uruguaya.

Suyo fue el primer gol de Uruguay en un Mundial (1930),así como también el último de aquella primera cita mundialista.Argentina sufrió en la final de 1930  al “divino manco” que con su fiereza y su talento consiguió desarbolar a unos gauchos que tenían la final de su lado al término de la primera parte (2-1).En una jugada en el primer tiempo,Castro impacta contra el portero argentino,que cae mal y queda tocado para toda la segunda parte.Otra vez su muñón,aquel brazo incompleto recuerdo de una infancia muy difícil,le sirvió para jugar con ventaja ante las miradas ingenuas de los colegiados.

Los goles de Uruguay caían uno tras otro en aquel decisivo partido del Mundial de 1930,reservándole a “el divino manco” el honor de la puntilla final.Suyo sería el 4-2 con el que los uruguayos derrotaron a los argentinos en el Estadio Centenario de Montevideo.Una remontada épica que aún hoy sigue salpicada de mucha polémica debido a las supuestas amenazas de muerte que sufrieron algunos jugadores gauchos.

 

 

A su retiro, entendió que en su vida nada era tan importante como el fútbol, y por eso se dedicó a la dirección técnica, desempeñándose en su amado Nacional durante varias etapas, en las cuales logró hacerse con seis campeonatos, obteniendo el récord del club y también el de su país junto a Hugo Bagnulo.

En 1959 se hizo cargo de la Selección de Uruguay (30 goles en 54 encuentros como jugador) con un total apoyo tanto de la prensa como de los fanáticos, pero misteriosamente presentó la renuncia pocos meses después. Al cabo de un par de semanas, un ataque cardíaco le provocó la muerte, elevándolo para siempre a ser una de las primeras leyendas incuestionables del fútbol mundial.

 

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