Cleo Inácio Hickmann

Corrían las últimas semanas de 1981 y el siempre elegante y nada violento defensa central del Athletic de Bilbao, Andoni Goikoetxea, lesionaba de gravedad a Bernd Schuster, la estrella de aquel Barça que iba líder destacado por aquellas fechas pero que acabaría perdiendo la Liga en las últimas jornadas ante la Real Sociedad. La noticia de la lesión del rubio alemán sentó como un jarro de agua fría por la espalda a la afición culé, que veía como su jugador más icónico estaría de baja como mínimo hasta el comienzo de la siguiente temporada. La directiva blaugrana, presidida por aquel entonces por Núñez y Gaspar, empezó a mover los hilos para contratar a un jugador que supliese al alemán y que ilusionase a una afición de moral fácilmente quebrantable y con mucha necesidad de títulos.

Toninho Cerezo fue la primera opción azulgrana para sustituir a Schuster, pero el entrenador alemán del Barça por aquel entonces, Udo Lattek, vetó sin rodeos a aquel jugador después de verlo en acción durante el stage argelino de la selección brasieña. Al alemán no le gustaban demasiado los mediocampistas brasileños, pues los veía demasiado anárquicos y muy poco fiables para la clase de fútbol que quería imponer en el Barça. Lejos de pillar la indirecta de Udo Lattek sobre los brazucas, la directiva volvió a la carga con el fichaje de otro carioca para intentar borrar el recuerdo de Schuster. El nombre del potencial sustituto era Cleo Inácio Hickmann, un rubio brasileño descendiente de alemanes huídos durante la Segunda Guerra Mundial. Al inflexible teutón pareció darle igual que el nuevo fichaje supiera hablar alemán, pues seguía siendo brasileño y él tenía una opinión bastante mala acerca de estos futbolistas. Los prejuicios de Lattek iban a ser otro obstáculo a salvar por Cleo.

El recibimiento a Cleo por parte de los jugadores y el entrenador azulgrana fue muy frío…o más bien gélido tirando a polar. La prensa se deshacía en elogios y buenas palabras con el futbolista mientras el vestuario le daba de lado y le veía como a un intruso. Nadie entendía el fichaje de aquel desconocido brasileño que venía a suplir a una de las estrellas europeas de la época. Por si fuera poco el nulo cuartelillo que le concedieron sus compañeros de vestuario, llegó desde Brasil la noticia de unas supuestas declaraciones suyas acerca de las prácticas homosexuales que mantuvo durante su adolescencia y la normalidad con que sucedían éstas en el fútbol. El revuelo por aquella noticia fue enorme. Si aún hoy la homosexualidad es tema tabú en el fútbol, imagínense lo que sería en los años ochenta en aquella España recién salida de 40 años de dictadura. El vestuario culé hizo piña ante la prensa para defender al jugador de puertas para afuera, pero no gustaron ni un pelo aquellas cosas que supuestamente decía su compañero. El capitán del Barça por aquel entonces, Antonio Olmo, fue el portavoz del equipo en aquel espinoso asunto y acabó zanjando la situación al decir que “si nuestro máximo rival nos ataca con este tema, publicaremos la lista de jugadores homosexuales que han pasado por ese club a lo largo de su Historia”. Un aviso a navegantes que “el máximo rival” pareció entender a la perfección  pues nadie de “ese equipo” dijo nada al respecto sobre el polémico tema.

La conservadora directiva blaugrana se echó las manos a la cabeza ante las supuestas declaraciones de Cleo e intentó minimizar daños, cuadrando a toda velocidad la boda del joven futbolista con su novia brasileña. Al enlace no asistió ningún jugador de la plantilla azulgrana pero sí que estuvieron presentes Núñez y Gaspar, artífices de aquel surrealista fichaje que estaba tornándose en pesadilla por momentos. Solucionado el “problema” de la homosexualidad de Cleo, ahora había que centrarse exclusivamente en el fútbol …y en eso tampoco tuvo demasiada suerte el germano-brasileño ya que no gozó en absoluto de la confianza de Lattek. Cuarenta y cinco minutos en un partido amistoso contra el Hospitalet fue el bagaje como azulgrana de un futbolista que llegó al Barça con vitola de potencial estrella después de pagar por él al Internacional de Porto Alegre 30 millones de pesetas (180.000 euros), y que acabó saliendo por la puerta de atrás a los dos meses de llegar. Sin duda el fichaje de Cleo fue un negocio ruinoso para el Barça, que se acabó “redondeando” con los 5 millones de pesetas (30.000 euros) que percibió el jugador por su estancia en la Ciudad Condal.

Posteriormente a su salida del Club catalán, Cleo tuvo oportunidad de vengarse del desdén sufrido por el vestuario culé al realizar un gran torneo Joan Gamper en 1982 defendiendo los colores de su querido Internacional de Porto Alegre. El trofeo barcelonista voló hacia Brasil y el joven futbolista recuperó un poco del orgullo que le habían robado durante su estancia en España.

Con los años se demostró que Cleo era un futbolista aceptable pero que no daba el nivel para un conjunto puntero de Europa. Las declaraciones acerca de su orientación sexual por parte de un periodista brasileño no hicieron demasiado por su adaptación al Barça, pero dudo que hubiera sido titular con cualquier otro entrenador y sin el “escándalo gay” de por medio. El germano-brasileño se acabaría retirando en 1989 tras haber pasado por las disciplinas de Palmeiras, América y Recife.

 

5 comentarios en “Cleo Inácio Hickmann

    1. Majísimo era el vasco este.Lo mejor de todo es que no se arrepentía de nada el tío.Los vascos suelen ser recios pero nobles…Goikoetxea era simplemente un hijo de puta al que le daba igual el rival.

      Hubo un portero en el Athletic de los 60,Carmelo Cedrún,que en cada corner se llevaba por delante a delanteros rivales…e incluso a sus propios defensas.

      El fútbol en el Norte de España siempre fue bastante duro (será el clima lluvioso que tenemos)….pero lo de aquellos tiempos era criminal.

  1. Yo recuerdo dos “Duros”: Benito en el Madrid y Arteche en el Atleti. Pero en mi patria tenemos lo nuestro: Había uno en Boca que se llama Giunta que le pegaba a todo lo que se movía. Y otro llamado Hrabina que una vez lesionó a un compañero: Le apuntó al rival, le erró, le acertó al compañero que debió ser reemplazado y él se fue expulsado

    1. Jejeje…y aún por encima jugaban sin espinilleras la gran mayoría de los futbolistas.Debían de acabar los partidos con auténticos boquetes en las tibias.

      Ha cambiado mucho el fútbol,eh? Antes no había cámaras de TV en la gran mayoría de encuentros y se hacían auténticas barbaridades cuando el árbitro no miraba.Ahora al leñero se le anda muy encima y si no es el árbitro son los comités de competición quienes los sancionan.

      Saludos,Germán😉

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