La sanción del Milán (1991)

El AC Milan de finales de los ochenta y principios de los noventa pasa por ser uno de los mejores clubs de la Historia del fútbol europeo y mundial: atacaba increiblemente bien y defendía no menos bien, dejando muy pocas opciones al rival. Así fue como los rossoneros lograron dos Copas de Europa consecutivas en 1989 y 1990. La siguiente temporada se presentaba ante ellos como una oportunidad única para conseguir tres títulos europeos consecutivos, algo al alcance solamente del Real Madrid, Bayern de Munich y Ajax de Amsterdam. Sin embargo, las cosas no salieron tan bien como se esperaba y pronto el Milan empezó a fallar en aquella Copa de Europa de 1991. Fue en cuartos de final, ante el emergente Olympique de Marsella, donde los milanistas comenzaron a cavar su propia tumba, al no pasar del empate a un gol en San Siro.

 Aquel resultado imprevisto obligaba a los italianos a empatar a unos -como mínimo- en su visita a Francia para tener alguna opción de avanzar a la siguiente ronda de la competición. El Olympique no iba a vender barata su derrota en uno de los campos más calientes de todo el país. La siempre bulliciosa Marsella fue aquel día una auténtica olla a presión, desde las calles que daban al vetusto estadio marsellés hasta las bancadas de aquel antiguo velódromo, que acabó alternando goles de fútbol con transformaciones de rugby. Vencer en Marsella se antojaba misión complicada incluso para el vigente campeón de Europa.

Sin desplegar un juego demasiado espectacular, el Olympique consiguió controlar el partido y jugar con la ansiedad de los campeones. Los minutos corrían y el Milan se veía incapaz de marcar ese gol que le permitiera pasar de ronda. El Olympique nadaba y guardaba la ropa, esperando su oportunidad para sentenciar aquella eliminatoria estrella que estaba siendo seguida con especial morbo por todos los aficionados al fútbol. El golazo de Waddle, en el minuto 75, acabó por poner contra las cuerdas a los transalpinos.

 Pero aún quedaban quince minutos para que, al menos, el Milan lograse empatar la eliminatoria y llegar agónicamente a la prórroga. A pesar de que había tiempo suficiente como para forzar el tiempo suplementario, los rossoneros siguieron dándose de morros contra las líneas marsellesas que frenaron eficazmente  las acometidas italianas. El partido languidecía y el Rey de Europa iba a caer contra todo pronóstico….pero de repente, en el minuto 87 de encuentro, sucede la que sería la última esperanza italiana para pasar de ronda: un apagón en el Stade Vélodrome. El árbitro decide retirar a los jugadores al vestuario mientras se soluciona el problema de la luz, y es ahí donde se gesta el maquiavélico plan del vicepresidente Galliani, que acabaría por costarle realmente caro al club rossonero. El máximo responsable (tras el Presidente Berlusconi) del equipo milanista transmite al cuerpo técnico y a los jugadores las instrucciones que han de cumplir en cuanto el árbitro les mande retornar al césped: “nos negamos a jugar porque nuestra seguridad está en entredicho”. Los jugadores cumplen las órdenes de su vicepresidente y no salen a jugar los últimos cinco minutos de partido, haciéndose las víctimas deportivas por un derrota más que merecida.

Galliani pensaba que, con esta triquiñuela, la UEFA les daría el partido por ganado en los despachos debido a que el Marsella había incumplido su parte del trato al no garantizar la integridad física de los rivales. El plan parecía bueno en la cabeza de Galliani, pero se  acabó tornando desastroso para los intereses milanistas. La UEFA no solo no se creyó la estratagema italiana sino que castigó al Milan con un año de inhabilitación en las competeciones europeas, así como dos años de sanción a Galliani….y suerte tuvieron los milanistas de que la UEFA no sancionara con otros dos años a Baresi y Arrigo Sacchi, capitán y entrenador del AC Milan por aquel entonces.

“Me he comportado como un ‘tifosi’ en vez de ejercer de delegado del equipo, con la cabeza fría, como correspondía a mi cargo”, señaló Galliani al conocer la noticia. El Milan apeló la sanción, pero la UEFA se mantuvo firme en su sentencia. Sin embargo, ya dice el refrán que “no hay mal que por bien no venga”, puesto que la dura sentencia serviría al Milan para renovarse y mejorar una plantilla ya de por sí casi inmejorable. En 1994, el legendario Milan volvería a alzarse con la Copa de Europa -Liga de Campeones, en su nueva denominación- al masacrar al Barça por 4-0.

 

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