El estilista del autogol.

Hay muchas cosas humillantes que un defensa central puede sufrir sobre el césped: caños, sombreros, bicicletas gratuitas delante de sus narices….pero por encima de todas éstas (que tienen fácil solución para un expeditivo stopper), lo peor que le puede suceder a un defensor es marcar un tanto en su propia meta. No hay peor sensación en el mundo del fútbol que esa. Un defensor, un jugador cuya función es que no le marquen goles a su equipo, de repente “traiciona” su juramento y se convierte en el verdugo de los suyos. Tras marcar contra su propio equipo, ese futbolista suele irse mentalmente del partido por los remordimientos que le causa haber mancillado su portería en una acción de mala fortuna. Este es el suplicio del gol en propia meta, que a veces va más allá de los terrenos de juego y se convierte en un sambenito para el desgraciado autogoleador. Así fue el caso del “Agente” Spasic, un corpulento defensor yugoslavo que dio en bandeja al Barça un derby tras un magnífico remate de cabeza. Aún hoy al pobre Spasic lo recuerdan con bastante vergüenza y choteo en Madrid y Barcelona por todo aquello…e incluso él ha reconocido que piensa a diario en aquella desafortunada acción que acabó por costarle el puesto en el Real Madrid.

 

 

Una vuelta de tuerca más a la maldición del autogol es lo que le sucedió a Andrés Escobar, defensa colombiano en el Mundial de 1994, al que un aficionado tiroteó tras haberle reprochado al jugador un tanto en propia meta que había significado la eliminación del equipo cafetero.

 

 

Los goles en propia meta no suelen traer nada bueno para el que los marca pero hasta en esto hay excepciones. Hubo un futbolista italiano que hizo del autogol un arte, un hecho del que sentirse casi orgulloso siempre que la ejecución del tanto hubiera sido bella. Comunardo Niccolai era el estilista del gol en propia meta, el último defensa poético. La victoria o la derrota eran importantes pero la belleza lo era todo para Niccolai: “mis autogoles son la envidia de los delanteros”,decía con sentido del humor el mítico defensor del Cagliari que llegó a marcar seis goles en propia puerta a lo largo de su carrera. De estos seis autogoles, dos destacan por encima del resto y han hecho de Niccolai una leyenda en Italia. El primero fue el que marcó ante la Juventus en 1970, adelantándose a todos los delanteros rivales y batiendo a su portero Albertosi de un magnífico remate de cabeza. Inmortalizado quedó aquel momento en una foto en blanco y negro, que con el tiempo se ha convertido en icónica del autogol.

Las desgracias son menos desgracias si son bellas y aquella había sido una muy hermosa. Los aficionados estaban furiosos con él, pero Niccolai no tenía culpa de que la providencia lo hubiese elegido para marcar aquel bello tanto. Las musas del fútbol lo habían escogido y él simplemente fue el instrumento de su inspiración. Pero aún el cúlmen de su obra estaba por llegar.

Fue el 13 de Febrero de 1972 cuando Comunardo Niccolai alcanzó su madurez en el no siempre comprendido arte del autogol. El partido enfrentaba al Cagliari contra el Catanzaro y los locales estaban sufriendo para mantener el marcador a su favor (2-1), que les permitiría seguir en posiciones de honor en el Calcio. Rondaba el minuto 90 y el Cagliari seguía defendiendo las oleadas desesperadas del Catanzaro, que colgaba esféricos al área soñando con alguna buena definición de su delantero centro. En uno de esos balones centrados a la desesperada ,un atacante del Catanzaro cae en el área y suena un silbato. Niccolai, pensando que el árbitro había señalado penalty, da un rabioso puntapié al balón que va con dirección a su propia portería. Las caras de pánico de sus compañeros contrastaban con la total tranquilidad que desprendía Niccolai. El defensor aún no sabía que aquel silbido procedía de las gradas y no del árbitro. Otra vez la musa lo había usado como simple instrumento para desplegar su poesía. Un compañero de equipo quiso robarle a Comunardo aquel bello autogol tirándose con los brazos abiertos para atajar el balón…. y lo acabó logrando. Pura envidia que no logró restar ni un ápice de belleza a la acción del futbolista-anarquista, que hubiera sido el ídolo de Bakunin de haber coincidido el ruso en la época del italiano. La acción de aquel estilista del autoboicot fue sancionada con penalty, el cual acabaría transformando el Catanzaro. logrando así el empate a dos por el que tanto había luchado. Comunardo Niccolai ya era parte de la Historia más tragicómica del Calcio italiano.

El futbolista había hecho honor al nombre que le había puesto su padre y le dio al pueblo lo que éste le pedía: goles para todos los bandos. El comunismo ha de empezar siempre por uno mismo.

 

 

2 comentarios en “El estilista del autogol.

  1. Esta historia es muy divertida. Hablando del Gol en contra, como le decimos en Sudamerica, había un relator español, Andrés Salcedo, que transmitía los partidos de la Bundesliga para Latinoamérica, que le decía “Gol de Hara Kiri”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s