El genio de la lámpara.

Hoy escribe Germán Magide y eso es sinónimo de conocimiento y respeto por este deporte.La historia que nos trae en esta ocasión, habla de la mundana grandeza del fútbol,que es como un espejo sincero que siempre muestra el reflejo de lo que somos en realidad.No siempre el balompié tiene detalles hermosos, sin embargo eso suele ser más culpa de aficionados descerebrados que del propio espíritu del juego. Nadie puede empañar la belleza y la metáfora de la vida que es este deporte.

Cuando eres un pibe y vives en primera persona cosas como la final del Campeonato Argentino del 78,no te queda más remedio que amar al fútbol hasta el fin de tus días. Germán Magide esperó hasta el día exacto en el que se cumplía el 35º aniversario del legendario Talleres-Independiente, para rendirle homenaje a lo más preciado que tiene una persona:los bellos recuerdos de niñez. La épica,la Fe,la honradez y el talento del Independiente de Bochini quedan perfectamente reflejados en esta sentida entrada al blog.

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La temporada 1977 del fútbol en Argentina estuvo marcada por varios hechos excepcionales. Para ese año (La competencia se desarrollaba siguiendo el año calendario), la AFA había programado dos torneos consecutivos. El primero, llamado CAMPEONATO METROPOLITANO, sería disputado por los equipos de la 1º división argentina, todos ellos del Gran Buenos Aires y la provincia de Santa Fe. En el segundo, los mismos equipos del Metropolitano se sumarían a 12 equipos provenientes de las restantes provincias del país (algún día hablaremos de la compleja e injusta organización del fútbol argentino y de como la mayor parte del territorio no tiene presencia en el panorama futbolístico nacional) para participar en el CAMPEONATO NACIONAL. Además, se trataba del año anterior a la celebración del Mundial y la expectativa acerca de las probabilidades de la Selección iba en aumento. Se trataba de un año especial y, como no podía ser de otra manera, se cerró de forma inolvidable.

1978

El 20 de febrero se inició la disputa del torneo que se transformaría en el más largo de la historia. Pues competían en él 23 equipos, todos contra todos y a dos ruedas, lo que dio un total de ¡44 fechas! Para colmo, al promediar la competición, la misma se interrumpió por 7 semanas para permitir que la Selección de Menotti jugara sendos amistosos. El campeón fue River Plate, escoltado a dos puntos por Independiente. Este último equipo contaba con una de las formaciones más formidables de su historia; con 4 miembros del equipo mundialista del ’78 (Bertoni, Rubén Galván, Larrosa y Pagnanini), dos defensores extraordinarios (Villaverde y Trossero) y un certero goleador (Outes) Pero la figura principal era un minúsculo mediocampista que lucía el dorsal 10 y que, aunque poco se lo conozca fuera de las fronteras de la Argentina, estaba señalado por los dioses de la pelota para ser ídolo y héroe: Ricardo Bochini, el Bocha.

bocha10

El 20 de noviembre dio comienzo el Campeonato Nacional, con una fase de grupos de 32 clubes, semifinales y final. Debido a la prolongación del Metropolitano y al receso mencionado, el último partido estaba programado para el 25 de enero de 1978.

Los equipos provincianos, en general, eran poco competitivos y se llevaban unas cuantas goleadas importantes. Pero ese año sería especial en todo. Porque vinieron desde Córdoba las blanquiazules huestes de Talleres, con su juego efectivo y lujoso. En sus filas había 3 futuros campeones mundiales: Luis Galván, Oviedo y Valencia (una de las innovaciones de Menotti había sido dar lugar a jugadores del Interior en el Seleccionado); uno que se quedaría afuera de la lista definitiva diez días antes del debut (Bravo) y otros de notable calidad, como Ludueña y Reinaldi.

Talleres de Cordoba 1977

En la fase de grupos, los cordobeses dejaron afuera nada menos que a River Plate y en las semis limpiaron a Newell’s Old Boys de Rosario. Sorprendentemente, un club surgido de una Liga regional tenía la chance cierta de ser campeón argentino.

Por el otro lado, venía ascendiendo Independiente. Tras pasar el grupo con 10 victorias, un empate, 3 derrotas y 28 goles a favor, se encontró en la semifinal con el siempre duro Estudiantes de La Plata. Después de empatar en la capital bonaerense (Michel Hidalgo, entrenador francés que estaba en el país para el Sorteo de las zonas del Mundial, quedó deslumbrado con Bochini), el resultado se repitió en Avellaneda. Una noche de agobiante calor, el Rojo eliminó a los platenses en tiempo extra. Recuerdo a los jugadores de Estudiantes caer exhaustos en el césped al finalizar los 90’ y a los auxiliares apantallándolos con toallas. Todo estaba listo para la final. Independiente y Talleres jugarían dos partidos y, en caso de empate global, los goles de visitante valdrían doble.

el grafico

El primer juego se disputó en Avellaneda el 21 de enero y se saldó con un empate: 1-1, con dos goles de penal. Yo estaba en la tribuna con mi padre y mi hermano y recuerdo que, cuando el árbitro sancionó el penal para el Rojo, varios salieron corriendo: los fotógrafos para ubicarse detrás de la valla cordobesa y los suplentes de Talleres para protestarle al referí. El último partido parecía un simple trámite para los blanquiazules: se jugaría en su estadio, habían conseguido empatar y convertir goles de visitante y obligaban a su contrincante a ganar. Toda la ciudad de Córdoba se preparó para el festejo y, tras ella, se encolumnó todo el Interior, disfrutando de antemano la derrota de los porteños (en rigor, Independiente no es un club porteño, pero que más daba).

Era una noche de intenso calor. Por vez primera se televisaba en directo un partido de fútbol desde Córdoba para Buenos Aires. El árbitro se llamaba Barreiro.

A los 29 minutos, el goleador Outes batió de cabeza el arco cordobés. Pero a los 60’, una jugada de Talleres por la izquierda derivó en un centro que dio en el brazo de Pagnanini. El referí dio penal y Cherini lo convirtió en gol. Con ese resultado, empataban en todo y debían jugar tiempo suplementario y, de ser necesario, penales. Hasta que llegó el minuto 74. Ataque de Talleres, centro al área y Boccanelli, extremo derecho del equipo provinciano que marca, aparentemente de cabeza. El escándalo estalló en el campo de juego, porque en realidad, Boccanelli había metido la mano: una “mano de Dios” anticipada. El capitán del Rojo, Rubén Galván, le dijo a Barreiro: “Tengo tres hijos y esto me da vergüenza; écheme”. La tarjeta roja no se hizo esperar. Omar Larrosa le espetó “¿Por qué no me echa a mí también?”, pedido que fuera concedido por el colegiado, que también expulsó a Trossero. Quedaron ocho…

talleres-independiente

Todo parecía concluido. Perdían 2-1, tenían 3 hombres menos y eran visitantes. Cualquier equipo se hubiera refugiado en su área y un entrenador común y silvestre habría suplido atacantes por defensores para evitar la goleada humillante. Pero los ocho que quedaban vestían la gloriosa casaca de Independiente y en su banco estaba el gigantesco Pato Pastoriza. Sacó a los dos extremos pero para hacer ingresar a un volante ofensivo llamado Biondi y al goleador Daniel Bertoni, que estaba convaleciente de una lesión. La orden era controlar la pelota…

Talleres, enceguecido, buscaba el gol que rematara la faena. Ese ofuscamiento le impidió marcar el definitivo. Hasta que a los 83’, alguien frotó la lámpara y el genio apareció. Tenía la apariencia de un hombre de poca estatura, no muy atlético y con una incipiente calvicie, aunque ese día cumpliera 24 años. Se hacía llamar Ricardo Bochini, el Bocha. Tomó la pelota en la media cancha y se juntó con su compadre Bertoni y con Biondi. Entre los tres tejieron una jugada mágica. Entre los pases y devoluciones, jugadores rivales fueron quedando en el camino. Pisando el área, Biondi quiso gambetear al arquero Guibaudo y la pelota se le fue larga. Allí la tomó Bochini, el Bocha, el genio de la lámpara. Con un zurdazo alto doblegó la valla de Talleres y la palabra hazaña tuvo, desde ese día, un nuevo significado.

 

 

talleres-independiente 1

El futbol nacional tenía un nuevo campeón, merced a la regla del gol de visitante.

Hay quienes creen que el fútbol es un vulgar entretenimiento donde 22 sujetos corren detrás de una pelota. Los que hemos visto jugar a hombres como Bochini, los que hemos gozado con la belleza del juego y nos hemos emocionado con la dignidad de los que no se rinden, sabemos que esa definición es escasa.

A 35 años de la proeza de Córdoba, cumplo en homenajear a los valientes que no claudicaron, a los que no se dieron por vencidos ni aun vencidos y, sobre todo, a Ricardo Bochini, el Bocha, el genio de la lámpara.

bochini

 

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