El Houdini de Corcubión.

Hay una película que me tenía completamente obsesionado de adolescente y que viene muy bien para ilustrar el comienzo de este primer texto del mes de Marzo.El film del que les hablo es Trainspotting. Reconozco que la peli es un poco desagradable y que tiene que ver escasamente con el fútbol,pero también hay que concederle el hecho de que posee grandes momentos de lucidez filosófica intercalados entre bromas de dudoso gusto,putadas entre amigos,traiciones,mentiras,estupros y chutes de heroína.

Trainspotting 1

Trainspotting  es un título cañero no demasiado apto para estómagos sensibles (peor es el libro en el que se basa la peli) pero a mi me fascinó tanto con 14 años, que tuve que ir a verla media docena de veces al cine.La teoría de la vida de Sick Boy ,aunque no demasiado académica,ni poseedora de un lenguaje refinado que conquiste a intelectuales de academia, llega al corazón del pueblo. Basicamente dice que los genios molan una temporada pero después pierden su toque,se hacen viejos,dejan de molar y acaban palmando.

 

 

A Augusto César Lendoiro,el Presidente del Deportivo de La Coruña, parece haberle pasado lo mismo que pontificaba Sick Boy antes de que Mark Renton le disparara un balinazo a los huevos del pit bull de un skinhead. Lendoiro moló,pero ya parece haber perdido su brillo y su magnetismo.Aquel hombre que cogió a un equipo al borde de la muerte en 1988 y que fue capaz de llevarlo hasta lo más alto de la Liga española y del continente europeo,ve ahora como hasta la grada que siempre le arropó,comienza a darle la espalda.De nada valen ahora los fichajes de Bebeto,Mauro,Djukic,Makaay,Tristán,Valerón…la realidad actual ya no entiende de aquella gestas,al ver al equipo blanquiazul con un pie en segunda división y al borde de la desaparición. Ya no hay conejos en la chistera de Lendoiro.Su arte de trilero,de Houdini,de mago gallego socarrón, parece haberse ido muy muy lejos,quedando en su lugar un señor cansado,rendido y muy próximo a salir de escena, no se sabe si con destino a una jubilación dorada o a una penitenciaría del Estado.

Asamblea del Depor

La época de Lendoiro ya ha terminado.Puede que siga unos cuantos años más al frente del Dépor,pero no hará si no empañar su propia leyenda a cada escándalo de amaño de cuentas que vaya saltando a la palestra.No puedo decir que la ciudad herculina no sospechara de que este momento se produciría más tarde o más temprano,pero siempre parecía que el gran escapista de Corcubión era capaz de salirse del embrollo con otra cabriola de viejo zorro curtido en mil batallas de falseo de números. La Ley concursal a la que se acogió hace unos pocos meses y una situación deportiva que no augura nada bueno (a 11 puntos de la salvación si gana hoy el Zaragoza),han hecho girar a más de un aficionado de tribuna de Riazor,para pedirle explicaciones a un Lendoiro cada vez más menguante en espirítu aunque no en lo corpóreo. Con una deuda astronómica (de la que no se sabe muy bien la cifra,pero que ronda los 150 millones de euros) y que no deja de subir debido a los intereses bancarios, el Deportivo puede desaparecer de bajar otra vez a Segunda División esta temporada.El Estado español siempre hace la vista gorda con los equipos de fútbol de primera categoría pero su paciencia (y sus arcas) se están agotando. No quisiera ser agorero,pero veo un futuro muy negro para el conjunto herculino salvo que se produzca algún milagro de última hora  en forma de Amancio Ortega o similares.

amancio-inditex 1

Aún recuerdo aquellas cenas del Ural a las que Lendoiro asistía ante regocijo nuestro.Aquellas cenas en las que todos miraban de reojo a aquel Rey Midas,capaz de hacer campeón de hockey patines a un equipo como el Liceo o campeón de fútbol a un conjunto como el Dépor. Aquellos tiempos de orgullo de propios y extraños por estar ante la presencia de “El Presi”,parecen haberse tornado de incomodidad por saber cómo se lograron los éxitos.El sueño de Coruña se termina,suena el despertador otra vez y “El día de la marmota” regresa presto a 1988,unos meses antes del milagroso gol de Vicente Celeiro.

César Augusto Lendoiro asiste al espectáculo de su propio funeral de cuerpo presente,como si de Tom Sawyer se tratara.La diferencia entre el pícaro del Mississippi y el de Corcubión reside en que a uno le enterrarán y el otro se irá de rositas, ajeno a las leyes morales de la sociedad.Un libro lleva un siglo y medio escrito y el otro está aún por escribirse.

 

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