Cerezo y su sed de venganza.

Aunque Brasil tenga la fama de ser un país de base italiana  y portuguesa, lo cierto es que los españoles también tuvieron un peso importante en la emigración europea del gigante sudamericano (unos 15 millones de brasileños tienen origen español); pero será que los apellidos españoles se aportuguesaron o que las autoridades brasileñas hicieron oídos sordos a esos “gallegos” que llegaban en barcos, porque la realidad es que los españoles en Brasil fueron una especie de inmigración invisible autodiluída en el resto de contingente europeo.

A pesar de no ser tan numeroso como lo italiano, lo español ha quedado plasmado en el deporte brazuca de una forma humilde,pero incontestable. La tenista María Bueno (mejor tenista mundial de los años 60),el baloncestista Marcelinho Huertas o el futbolista que nos ocupa hoy (Antonio Cerezo) son muestras de ello.

cerezo

El “español” Cerezo fue, sin duda, uno de los mejores centrocampistas de su tiempo. Con un físico y un toque de balón impresionantes, llegó a jugar a grandísimo nivel hasta cerca de los 40 años. Los dos Mundiales que jugó se le escaparon por un pelo; uno por la presumible mano de Videla y su “puja al mejor postor ante Perú” en el 78 y el otro, por un fallo propio que le estaría atormentando el resto de la vida, en el Mundial 1982.

Brasil en el Mundial de España era el clarísimo favorito para alzarse con la Copa. Aquella canarinha era un equipazo al que ya todos veían campeón y digno heredero del Brasil de México 70 que masacró a Italia en la final….pero los italianos, que nunca olvidan una deshonra, se vengaron de los brasileños a base de ratonería,viveza y algo de suerte. Aquella selección de Rossi, que no fue capaz ni de pasar primera de grupo en la clasificatoria europea, acabó llevándose el gato al agua ante un equipo superior en todos los aspectos menos en picaresca sobre el césped. El partido de Sarriá es uno de los más bellos monumentos al fútbol que han dado los Mundiales…aunque al pobre Cerezo toda aquella belleza le dio igual. Culpa de él fue el 2-1 de Paolo Rossi que a la postre significaría una ventaja inalcanzable para los brasileños. Un pase horizontal,flojito y al “espacio” fue el pecado que cometió Antonio y que nunca fue olvidado por la torçida. No fue tanto como lo de Moacir Barbosa, pero la hinchada brasileña nunca perdona a propios ni a ajenos.

 

 

A pesar de su error, Cerezo pudo dar el salto a las ligas europeas, donde se desempeñó casi durante una década. Al igual que le sucedió con los Mundiales, primero en la Roma y después en la Sampdoria, volvió a fallar in extremis en el asalto al torneo más importante de Clubs del viejo continente.

Cuando era jugador de la Roma (1983/84), perdió la final por penalties ante el Liverpool en un partido dramático en el que los italianos jugaban en su propio Estadio. El brasileño fue sustituído en el minuto 114 y asistió impotente al espectáculo de ver como otros (de nuevo) se llevaban el título.

 

 

Lo mismo sucedió en 1992, cuando el brasileño defendía los colores de la Samp. Otra vez a última hora, cuando ya todo parecía que se iba a decir a los penalties…un golazo del rubio Koeman volvió a llevar al brazuca hasta su día de la marmota particular.

 

 

Cerezo contaba ya con 37 años y demasiada sed de venganza en su corazón como para poder retirarse en paz. Aunque lo normal es que se hubiera jubilado con el mal sabor de boca de haber sido derrotado en el último suspiro contra equipos no superiores al suyo…Dios (que aprieta, pero no ahoga), le dio la oportunidad de desquitarse en el Sao Paulo de todos los reveses que había sufrido en su larguísima carrera.

Fue en Japón, aquel mismo año en el que el Barça se había alzado por primera vez campeón de Europa, donde la vendetta de Cerezo se llevó a cabo. Quizá la Intercontinental no fuera ni un Mundial, ni una simple Champions League, pero sería su oportunidad de limpiar de fatalidad una carrera plagada de éxitos pero también de grandes sinsabores.

 

 

Cerezo no hizo un gran partido aquel 13 de Diciembre de 1992, pero pudo irse de la élite con la satisfacción de haber zanjado cuentas con el karma futbolístico. Todo un detalle para uno de esos futbolistas que han quedado un poco en el olvido del gran público a pesar de su enorme valía…algo así como les pasó a aquellos españoles anónimos que se bajaban del barco en Sao Paulo y de los que nadie parece acordarse ya.

 

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