Emilio “Cococho” Álvarez.

Uno de los pequeños placeres que echo de menos cuando estoy lejos de mi casa es ver fútbol con mi padre. Y digo placer sabiendo que en la distancia todo se idealiza de tal forma que llegamos a olvidar la verdadera realidad de las cosas. Al volver al hogar e intentar ver un partido de fútbol con mi progenitor entiendo aquel dicho de que el recuerdo desvirtúa. Nunca estamos de acuerdo en nada de lo que vemos sobre el césped. Si para él era falta, para mí no la era; si para mí era penalty, para él era amarilla por fingir; si para él era juego de juego para mí estaba en línea. Ante este baile de desencuentros y gritos en aumento, mi madre niega con la cabeza y desaparece por el pasillo musitando entre dientes…”Hombres….”.

Es este nuestro particular juego paralelo al juego. Sin discusión permanente parece que no podemos disfrutar el fútbol. El silencio es solo para las misas y respetar al oponente es solo para los políticamente correctos. Lo nuestro es un continuo golpe de Estado para instaurar una dictadura en la que uno tiene razón y el otro no la tiene en absoluto.

Por el medio de estas guerras y treguas futboleras siempre se aprende algo nuevo. Hace poco me comentaba mi padre que había visto jugar en directo por los años 60 a un jugador negro de Nacional de Montevideo que le había impresionado muchísimo. “Le quitaba a Amancio (Amaro) la pelota con una facilidad que asustaba”. La curiosidad me picó y busqué por ese defensa que secó a uno de los mejores jugadores españoles de la Historia a cada jugada y hallé un nombre: Emilio “Cococho” Álvarez, uno de esos grandes futbolistas sudamericanos que han pasado totalmente desapercibidos en Europa pero que podían haber marcado una época en un conjunto como el Real Madrid.

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Cococho fue otro de esos deportistas nacidos de la necesidad, que llegaron pobres al fútbol y salieron pobres de él. El jugador de Nacional que más veces ha vestido su camiseta, murió hace casi cuatro años en una precaria situación económica y olvidado por casi todos. Dio al fútbol mucho más de lo que el fútbol le dio a él. Un documental hacia el final de su vida y una pensión del gobierno uruguayo, son algo bastante insuficiente para alguien que llegó a estar en el “once mundial” de su época.

Por una operación de menisco mal realizada (en aquella época ni se operaban), Cococho Álvarez tuvo que sufrir una vida de cojera, que sin embargo no le impidió ser el mejor en su puesto sin ni siquiera tener que dar patadas al rival. Fue un defensa central adelantado a su tiempo, pero que tuvo la desgracia de haber nacido en unos años en los que los directivos abusaban de los futbolistas como si de animales de circo se trataran. Le pasó a Garrincha, que fue explotado en giras interminables hasta que el alcohol acabó con su magia y le pasó a Cococho, que no cobró nunca lo adeudado por Nacional y tuvo que salir por la puerta de atrás del Club tras haber llamado “ladrones” a los dirigentes.

Historias de cuando el fútbol era solo un trabajo que desempeñaban ídolos por un sueldo que se tornaba precario al finalizar su carrera. Historias surgidas de las guerras dialécticas dominicales que espero seguir teniendo con mi padre durante muchos más años.

 

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