El león de Wembley

La historia de la emancipación americana estuvo ligada íntimamente a Gran Bretaña. La búsqueda de nuevos mercados para las manufacturas inglesas chocó con el Bloqueo Continental de Napoleón. Entonces ¿qué mejor cosa se podía hacer que propiciar la libertad de las colonias españolas? Por cierto, en las orillas del Plata recibieron el apoyo británico con los brazos abiertos. Al poco tiempo, los gauchos usaban ponchos “Made in Manchester”. Cuando se consolidó el modelo agroexportador, los súbditos de Su Graciosa Majestad contaron con el monopolio del ferrocarril para transportar las mercaderías al puerto, de los frigoríficos para enfriar la carne y de los barcos para llevarla a Londres. Un vicepresidente declaró que Argentina era parte del Imperio Británico. Desde el comienzo de nuestra historia, Inglaterra fue el paradigma, el modelo y el ejemplo que los criollos debíamos seguir y alcanzar.

El futbol no fue ajeno a esta realidad. Desde que los inmigrantes británicos lo incorporaran a la vida cotidiana de los argentinos, medirse con equipos británicos era y es la obsesión de jugadores y dirigentes. Para confirmar y acentuar esta pasión, Maradona no tuvo mejor idea que clavar dos goles épicos contra ellos en 1986.

Pero antes de Diego, hubo otros criollos que hicieron historia al enfrentarse con éxito dispar contra los inventores del deporte rey.

Hoy recordaremos a un arquero llamado Miguel Armando Rugilo. Había nacido en Buenos Aires en 1919. Se inició en Vélez Sarsfield y, tras un paso por el León de México, había regresado al mismo club. Su fama provenía de haber atajado 5 penales en 5 partidos consecutivos en 1949 y, un año después, de haber contenido otros 2 en el mismo match contra River. En 1951, inscribió su nombre en la historia al protagonizar un partido increíble durante la primera visita de la Selección Argentina al legendario Estadio de Wembley.

En la mitad del siglo XX, la Argentina que lideraba Perón vivía tiempos de bonanza. Y quería mostrarse pujante y exitosa ante el mundo. El deporte fue el medio. Se realizaban anualmente los Campeonatos Evita, destinados a la juventud. Al mismo Perón se lo llamaba “el primer deportista argentino”. Envió a los Juegos de 1948 una numerosa delegación que volvió con 3 oros (Delfo Cabrera en maratón, Pascual Pérez y Rafael Iglesias en box). Fangio arrasaba en las pistas de Fórmula 1.

                             

Estos éxitos necesitaban un correlato futbolístico. Ya habían pasado los dorados años 40. La Selección Argentina no había jugado ningún partido entre 1948 y 1949 y solo dos en 1950. Pero la enorme cantidad de excelentes jugadores hacía pensar que se podía competir exitosamente con las potencias del Viejo Continente y salir del aislamiento (La Selección Argentina había renunciado a participar del Mundial ’50 y no enfrentaba selecciones europeas desde 1934). El rival elegido fue, obviamente, Inglaterra. Con ese objetivo, se programó una gira por las Islas Británicas.

El seleccionador argentino, Guillermo Stábile (Máximo goleador en el Mundial 1930), convocó 3 guardavallas para el desafío. Ogando de Estudiantes, Rugilo y Grisetti de Racing. Pero el primero no pudo viajar por un conflicto con su club. Rugilo quedó como titular. Y allá fueron las estrellas argentinas. Tras un vuelo de 36 horas y varias escalas arribaron a Londres. Los periodistas locales destacaron su aspecto físico. “Son petisos y fornidos”, mencionó el Evening News. “Estábamos fuera de forma, gordos”, recordó el arquero años después. “Es que nuestro campeonato recién comenzaba y en esa época no se hacía pretemporada”. Una vez en la capital inglesa, presenciaron el encuentro entre Tottenham Hotspurs (vigente campeón) y el Liverpool. Stábile consideró que los Spurs eran superiores a Racing (a la sazón campeón argentino) en su juego colectivo, pero no en individualidades. Subrayó, también, la velocidad del juego.

Y llegó el partido. Los locales alinearon a Williams, Alf Ramsey (entrenador de Inglaterra en 1966) y Eckerley; Wright, Taylor y Cockburn; Finney, Mortensen, Millburn, Hassall y Metcalfe. Los albicelestes dispusieron a estos once: Rugilo, Colman y Filgueiras; Yácono, Faina y Pescia; Boyé, Tucho Méndez, Rubén Bravo, Labruna y Loustau. El árbitro fue Merwyn Griffith, de Gales.

Desde el comienzo, la selección inglesa tomó la iniciativa y trató de mantener a sus rivales en su propia mitad del campo. A poco de empezar, Rugilo detuvo un remate de Mortensen y, según sus dichos, se “agrandó”.

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Los sudamericanos trataron de progresar de contraataque. A los 18 minutos, Labruna cortó un pase y habilitó a Loustau. El veloz puntero izquierdo lanzó un centro que Mario Boyé conectó de cabeza y abrió el marcador.

Fue una conmoción. Un invicto de 85 años parecía a punto de caer. Inglaterra se lanzó con ferocidad al ataque. Pero todas sus intentonas chocaron con Rugilo. Durante una hora martillaron el marco albiceleste. “Se venían hasta los fullbacks”, recordaba Rugilo. El arquero porteño edificó una actuación de esas que quedan en la historia. Sus atajadas se convirtieron en leyenda. El público londinense asistió maravillado a la performance del portero. Y en Argentina, la transmisión radial del famoso relator Luis Elías Sojit inflamó el espíritu de los oyentes, que creyeron que la hazaña era posible.

Ante cada intervención de Rugilo, las tribunas estallaban en aplausos. Y Sojit exclamaba “¡Rugilo, un verdadero león!”. El equipo sudamericano ni pensaba en hacer tiempo. Los delanteros esperaban para contraatacar, aunque Rubén Bravo estaba desgarrado. Pero la insistencia inglesa tuvo su premio. A los 80 minutos, Mortensen conectó de cabeza el 14º córner ejecutado por los pross y logró el empate. Siete minutos más tarde, tras un tiro libre de Alf Ramsey, el autor del empate habilitó de cabezazo a Millburn, que sentenció la partida.

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Terminado el juego, Rugilo cayó acalambrado, exhausto tras soportar un asedio que incluyó 52 remates al arco. La afición británica aún gritaba y aplaudía. El masajista de la selección argentina le dijo: “Saludá, que esa ovación es para vos”. Había nacido el León de Wembley.

La gira continuó en Dublin, donde Argentina venció a Irlanda 1-0 con gol de Labruna. La presencia de Rugilo atrajo a muchos espectadores. Y en cada escala del viaje de regreso, una nube de fotógrafos buscaba el retrato del héroe.

En Buenos Aires, los jugadores en general y Rugilo en particular fueron recibidos en triunfo.

Pocos meses después, el León de Wembley sufrió fractura de tibia y peroné. Estuvo mucho tiempo inactivo. En 1953, Vélez lo dejó libre y pasó por Tigre, O’Higgins de Chile y Palmeiras de Brasil donde colgó los botines a los 41 años. Nunca más fue convocado a la Selección.

La vida de Miguel Armando Rugilo se apagó en 1993. El recuerdo de su proeza en el césped de la Catedral del Fútbol no se agotará jamás. Será para siempre el León de Wembley.

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