El equipo de José

Han pasado casi 50 años de la hazaña. Un equipo argentino, y de Avellaneda para mayor honra, le dio al país su primera corona intercontinental. Fue en 1967 y el equipo era Racing. Su hinchada no se olvida de la proeza y la recuerda cada semana cantando con la música de la Marcha Peronista:

Aunque nos lleven la contra

todos los cuadros demás

será siempre la Academia

el primer campeón mundial

El gol consagratorio lo marcó el Chango Cárdenas y lo repitieron tantas veces durante los años de sequía de la Academia, que sus propios protagonistas decían en broma que en cualquier momento la tiraba afuera…

El taumaturgo de ese team inolvidable se llamó Juan José Pizzuti y dejó una huella tan grande en la historia que se lo recordará para siempre como El Equipo de José.

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Racing fue fundado en 1903. Su grandeza empezó a forjarse en la década del ’10, cuando el invencible Alumni dejaba de participar. El equipo racinguista tomó el testimonio del equipo de los Brown y dominó el decenio: Campeón en 1913, 1914 (invicto), 1915 (invicto) con la increíble marca de 95 goles a favor y sólo 5 en contra, 1916, 1917, 1918 (invicto), 1919 con todos los partidos ganados, 1921 y 1925 (invicto). Las estrellas de esos años; Ohaco, Olazar, Ochoa (el ídolo de Gardel), Natalio y Juan Perinetti, Zumelzú, Marcovecchio y Hospital; le dieron una impronta distinta al juego, dotándolo de mayor riqueza técnica y menos ímpetu. Según el prestigioso periodista deportivo Dante Panzeri, este equipo creó el estilo argentino. De ahí viene el mote de La Academia.

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A partir de 1931, comienza el profesionalismo y Racing gritó “campeón” en 1949, 1950 y 1951. Fue el primer tricampeón profesional. Sus delanteros eran Salvini y luego Boyé, Tucho Méndez (figura histórica del fútbol nacional), el Maestro Rubén Bravo, Llamil Simes –la Saeta Turca – y Ezra Sued.

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A estas conquistas se sumaron las de 1958 y 1961. Otra delantera famosa fue Corbatta, Pizzuti, Mansilla, Sosa y Belén. Luego, vinieron campañas irregulares hasta que llegamos a 1965.

Ese año encontró a Racing en plena crisis institucional y deportiva. En toda la primera rueda del campeonato de ese año, solo había ganado 2 partidos. “La moral estaba tan baja que íbamos perdiendo 0-3 y nos reíamos”, recuerdan los jugadores de esa época. Para colmo, el club no tenía fondos para pagar los sueldos. En una ocasión, se combinó un amistoso con Chacarita. Pero cuando el equipo tricolor, cuyo técnico era Pizzuti, llegó a Avellaneda, el plantel académico se negó a jugar a causa de la deuda. A los pocos días, la dirigencia convocó a Pizzuti para dirigir el equipo. José exigió que se arreglara la deuda con los jugadores. El club les pagó con billetes sucios, rotosos y hasta con monedas, la misma plata que la gente dejaba en las boleterías. Y Pizzuti asumió la dirección técnica del equipo.

¿Quién era este entrenador? Había debutado como jugador en 1947, jugando para Banfield. Luego pasó por River, Racing, Boca, Racing otra vez y se retiró en 1963 con la casaca de Boca. En su campaña, convirtió 182 goles en 349 partidos, una cifra muy buena para un jugador que no era delantero neto.

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En su primer juego como entrenador académico, Racing venció a River Plate 3-1. En la fecha siguiente, cayó ante San Lorenzo (0-2) y quedó en la última posición.

Pero el trabajo de Pizzuti había empezado. Para empezar, realizó algunos cambios posicionales. A Coco Basile, que jugaba de volante central, lo ubicó en la zaga.

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A Rubén Díaz, el Panadero, defensa central, lo puso de lateral izquierdo (“Yo no compro marcadores de punta. Si no tengo ninguno, lo invento”, dijo Pizzuti).

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Y a Roberto Perfumo, defensor central, lo reubicó como líbero. El mismo Roberto tenía dudas sobre la posición. “Usted, jugando de 2, va a llegar a la Selección y va a ir al Mundial de Inglaterra. Y cuando vaya, me va a traer un impermeable de Londres”, aseguró José. Apuesta que Perfumo pagó religiosamente.

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Pero el verdadero cambio fue mental. Impuso una disciplina feroz. Guerra de panes en la mesa, multa. Cabello corto. Una vez un jugador cayó lesionado en un partido y Pizzuti le dijo al médico: “Péguele un par de trompadas en los riñones y que siga corriendo. No quiero jugadores mimosos”. Perfumo lo recuerda así: “No nos saludaba, nos ladraba. Al lado de Pizzuti, Passarella es la Madre Teresa”. Contrató detectives para que vigilaran a los jugadores. El cambio de mentalidad llegó a los campos de juego. “No nos mandó a ver qué pasaba, nos mandó a ganar”. Y los jugadores cumplieron la orden con tanta eficacia que no volvieron a perder en el resto del campeonato.

Para 1966, Pizzuti tenía guardado un as en la manga: Humberto Dionisio Maschio. El Bocha había jugado en Racing en los ’50 y en los Carasucias de Lima, la Selección campeona de América en 1957. Luego de pasar por Bologna, Atalanta, Inter y Fiorentina y de jugar por la Azzurra en Chile’62; deseaba regresar al país. Tras un intercambio de cartas con Pizzuti y de no llegar a un acuerdo con Fiorentina; volvió a vestir la casaca racinguista.

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Con su aporte, la racha invicta se prolongó durante 39 partidos y culminó con la conquista del campeonato de 1966. El día de la consagración alineó a Carrizo; Perfumo y Díaz; Martín, Basile y Chabay; Rambert, Rulli, Cárdenas, Rodríguez y Maschio.

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La irrupción de ese Racing supuso una revolución en el contexto del futbol argentino, invadido por tácticas defensivas y especulativas. El técnico impuso un juego de gran dinámica, sin posiciones fijas y con jugadores en constante movimiento. Un anticipo del futbol total de Holanda. La clave era la voracidad ofensiva. Esa disciplina inclemente a la que Pizzuti sometió al plantel, se desató en la cancha. La hinchada festejaba los córneres, porque era un espectáculo verlos entrar en masa a cabecear. Lucían un impecable estado físico. Yaya Rodríguez y Maschio jugaban bien. El Chango Cárdenas se desmarcaba, mientras Rulli y Mori trabajan en el mediocampo. Los defensores subían dos por vez, salvo en los centros. El Mariscal Perfumo quedaba como último hombre. La mejor arma ofensiva era el “ollazo”, el centro medido para la entrada de Coco Basile y el Panadero Díaz. El ejecutor era Jaime Donald Martinolli, cuyos pelotazos eran verdaderos pases a la cabeza. El record de 39 partidos invicto se mantuvo durante 33 años, hasta que Boca lo superó en 1999.

Para 1967, la Academia había ganado el derecho de competir en la Copa Libertadores. En aquellos años, el torneo continental era una verdadera guerra. Para ganarlo, hacían falta, por sobre todo, un buen par de cojones. “Los partidos duraban 3 minutos”, rememora Perfumo. “El resto eran patadas, protestas, empujones”. Para esos partidos, Racing planificaba la táctica deportiva y la estrategia extradeportiva. Se distribuían los contrarios para que cada uno tuviera su rival designado en los incidentes. Y cuando se armaba la tangana, acudían los once. En la primera fase, la Academia fue encuadrado con River Plate; 31 de Octubre y Bolívar (Bolivia) e Independiente Medellín y Santa Fe (Colombia). En la excursión por tierras colombianas, el plantel vivió una experiencia clave. Habían triunfado 2-0 en Medellín y debían volar a Bogotá. En el mismo aeropuerto donde murió Gardel, se tomaron la foto de rigor en el monumento al Zorzal Criollo, famoso hincha de Racing. Al cancelarse el vuelo de línea, repartieron el plantel en dos pequeños aviones de 30 plazas. Durante el vuelo, el Panadero Díaz pidió una pastilla. Cuando la azafata se puso de pie para alcanzársela, el aeroplano empezó a caer. Maschio golpeó la cabeza contra el techo. La aeromoza quedó pegada a la parte superior de la cabina. Fueron 20 segundos eternos hasta que se estabilizó. De repente, se puso de costado. Llegaron a destino. El piloto explicó que en esa región son comunes los pozos de aire, pero que este había sido excepcionalmente grande. En esas caídas, normalmente, las alas se quiebran. Milagrosamente, esta vez resistieron. El giro fue porque tuvieron que esquivar una montaña. En Bogotá, el arquero Luis Carrizo, que era tartamudo, le dijo a un hincha “¿Y vos que…que… tetete preocupabas? Si tetete mo…morías solo la mitad” Es que al hombre le faltaban las dos piernas. Pizzuti ordenó whisky para todos. Y los arengó: “Ahora vamos a ser campeones de América y del Mundo”

En la zona de semifinales, Racing eliminó a River Plate, Colo Colo (Chile) y Universitario de Perú, tras un partido de desempate. En la final los esperaba el poderoso Nacional de Montevideo. Fueron necesarios 3 partidos para dilucidar el campeón. Después de empatar a cero en ambas localías, se desempató en Santiago de Chile. Allí la Academia ganó 2-1 con goles de Joao Cardozo y el Toro Raffo y se consagró campeón de América. Era el segundo club argentino en lograrlo, después de sus vecinos de Independiente. Pero a esta historia le faltaba lo mejor: la Copa Intercontinental contra el campeón europeo.

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En el Viejo Continente, reinaba el Celtic de Glasgow; un gran equipo entrenado por Jock Stein. Los escoceses, apodados los Leones de Lisboa, eran el primer equipo anglosajón campeón de Europa. Su figura era Jimmy Johnstone.

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Pizzuti viajó al Reino Unido. “Del Celtic, no sabía ni cómo era la camiseta”, recuerda. El entrenador no hablaba inglés y no tenía idea de cómo se las iba a arreglar para organizar todo. En el tren, vio a un hombre que leía un diario en italiano. Lo abordó y tuvo suerte. El hombre era tifoso del Inter, equipo derrotado por el Celtic. Aceptó hacer de traductor para el técnico racinguista.

La serie de partidos entre Racing y Celtic forma parte de la leyenda. Fue en esa ocasión cuando John Lennon dijo que era hincha de la Academia. Entre los testigos argentinos del partido en Glasgow estuvo el Padre Mugica, años más tarde asesinado por la Triple A. En Hampdem Park, el partido terminó 1-0 a favor del local.

La revancha en Avellaneda empezó con incidentes. Una piedra impactó en la humanidad de Simpson, el arquero escocés. Los ánimos estaban caldeados. La hinchada argentina, sensible por la eliminación argentina a manos de Inglaterra en el Mundial del año anterior, quería venganza. El campeón europeo empezó ganando con un penal de Gemmell. Pero Racing lo dio vuelta y triunfó 2-1. La disputa se definiría en Montevideo.

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Todos los argentinos tenemos grabada esta imagen en blanco y negro. El Chango Cárdenas avanza por tres cuartos de cancha. La defensa del Celtic que retrocede, esperando un posible pase. Entonces, sin previo aviso, el delantero racinguista saca el zurdazo histórico, que recorre los 35 metros que lo separan de la valla, haciendo inútil el vuelo de Fallon. El autor del gol y José que se abrazan. Y por primera vez, el futbol argentino en la cima del mundo.

Antes y después de eso, hubo muy poco de fútbol. El tiempo transcurrió entre grescas, lesiones, patadas, protestas, tumultos. Hubo 5 expulsados: Basile y Rulli por Racing; Lennox, Johnstone y Hughes por Celtic. Los once de la hazaña fueron Agustín Cejas; el Mariscal Perfumo y Buche Chabay; el capitán Martín, Rulli y Coco Basile; el Toro Raffo, Joao Cardoso, el Chango Cárdenas, J.J. Rodríguez y el Bocha Maschio.

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Al regresar a la Argentina, los recibieron los hinchas de todos los clubes. Y en su primer partido por el campeonato local, su acérrimo rival, Independiente, le rindió honores. La Academia dio la vuelta olímpica ante la ovación de hinchas propios y extraños. Algo imposible de entender hoy en día.

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El ciclo de José duró 4 años. Además de los títulos mencionados, alcanzó dos subcampeonatos, una semifinal, un 4º y un 5º puesto. A fin de 1969, Pizzuti dejó el equipo para dirigir a la Selección Nacional. El plantel se fue desarmando hasta que solo fue historia.

Tiene que caminar por Avellaneda. Especialmente por ese laberinto de las calles Colón, Deseado, Corbatta, Alsina, Mozart… Si presta atención, podrá sentir que la mole de cemento vibra. Y que en esa vibración resuena como perenne grito de batalla, grabado en las tribunas del Cilindro por los siglos de siglos:

Y ya lo ve,

y ya lo ve

Es el Equipo de José

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4 comentarios en “El equipo de José

  1. Más tarde, el arquero Cejas reemplazó a Gilmar en el Santos de Pelé. Jugó en Huracán, Racing otra vez y River, donde se retiró bien entrada la década del ’80. Perfumo pasó por Cruzeiro y se retiró en River en 1978. Coco Basile fue el caudillo del Huracán del ’73 que dirigía Menotti. Despues tuvo una importante carrera como entrenador. El Panadero Díaz pasó por Atlético Madrid y volvió a Racing. Maschio se retiró en 1968 y ocupó la dirección técnica del Seleccionado Argentino inmediatamente.

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