La diáspora argentina (II)

En nuestra última entrega, comenzamos a recordar a aquellos futbolistas nacidos en Argentina, pero que defendieron deportivamente a otras naciones.

Hemos conmemorado a los jugadores que vistieron las casacas de Francia, Italia, España, Uruguay, Chile, Bolivia, Ecuador, México y Estados Unidos, sin olvidarnos de resaltar a Luis Monti, Raimundo Orsi, Atilio Demaría, Enrique Guaita y Mauro Camoranesi; quienes obtuvieron el máximo galardón futbolero con la Nazionale en los Mundiales de 1934 y 2006.

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A partir de los años ’60, el fútbol comenzó a expandirse y a desarrollarse en todos los continentes. Los cambios geopolíticos originaron nuevas entidades futbolísticas que presionaron por su lugar en el mundo de la pelota; rompiendo la clásica dicotomía Europa-Sudamérica. Esto trajo como consecuencia que se fortalecieran las ligas nacionales con la incorporación de futbolistas extranjeros, tanto en Asia y África como en América Central y el Caribe. Muchos de esos jugadores foráneos se incorporaron a los representativos nacionales de los países que los habían adoptado.

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La selección venezolana comenzó a competir en 1965. En 1972 convocó a su primer argentino: Raúl Stanich. Hubo 5 compatriotas en total en las filas de la Vinotinto, entre los que se destacan los Echenausi; Ramón en las eliminatorias para Argentina’78 y España ’82; y su hijo Miguel (que nunca jugó en Argentina) en la competición preliminar para USA’94.

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La excelente generación peruana de los años 1970 contó con aporte argentino. En 1974 debutó con la selección incaica Humberto Ballesteros. El nombre más conocido es el de Ramón Quiroga, que custodió el arco peruano en las Copas Mundiales de 1978 y 1982. El ex arquero de Rosario Central e Independiente tuvo la desgracia de ser protagonista de la peor derrota de Perú en los Mundiales, al caer 0-6, justamente con la selección de su país de origen y en su ciudad natal. Hasta el día de hoy se habla y especula sobre ese match.

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Otro arquero nacionalizado peruano fue Juan Carlos Zubczuk. Surgido en Racing de Avellaneda, se destacó en un torneo juvenil televisado llamado Proyección ’86. Participó en la Copa América de 1993. También mencionaremos a Oscar Ibáñez (otro portero) y a Gustavo Tempone entre los 8 argentinos que se desempeñaron en la selección peruana.

Ya hemos mencionado que Alfredo Di Stéfano, además de jugar para Argentina y España, jugó para Colombia; en tiempos en que estaba desafiliada de la FIFA. En 1975, regularizada la situación colombiana, Hugo Londero fue llamado a las filas cafeteras. Alcanzó el subcampeonato en la Copa América de 1975. Hubo un total de 6 argentinos en la Selección Colombia, con el arquero Luis Gerónimo López como nombre destacado.

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Ese mismo año, nuestra investigación da un salto importante hasta Oceanía: Rodolfo Gnavi es convocado para la Selección de Australia. En 1981, durante la disputa del Mundial Juvenil, se enfrentaron Argentina y los Socceroos. Los medios argentinos supieron entonces de la existencia de Oscar Crino, que jugó 70 partidos para la Selección del país de los canguros, sin contar los jugados en el equipo de futsal. Se desempeñó en Chipre y Hong Kong. En el Mundial Sub 17 de 2011, apareció Hernán Espíndola entre los Joeys. Hasta hoy, se registran 6 argentinos en el combinado australiano.

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En 1977 apareció el primer argento en la Selección de Guatemala. Fue el marplatense José “Pepe” Mitrovich. También descolló en los Chapines el portero Ricardo Piccinini que jugó los torneos olímpicos de 1976 y 1988. Junto con Daniel Doherr Pérez, son los 3 argentinos nacionalizados en el seleccionado centroamericano.

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La historia de Paraguay y Argentina ha estado ligada desde siempre. No en vano, desde la Asunción vinieron los fundadores de Santa Fe y Buenos Aires. Hay un gran torrente inmigratorio desde el país guaraní hacia la patria de Maradona. En varios casos, sus descendientes volvieron a la nación de sus padres para integrar la selección albirroja.

El primero de ellos fue Adolfo Lazzarini, en 1977. Roberto Acuña, “el Toro”, en su juventud quiso integrarse a Independiente. Lo rechazaron. Su familia volvió a Paraguay donde se consagró como futbolista. Hasta allí fue a adquirir su pase Argentinos Juniors. Tras pasar por Boca, acabó jugando en… Independiente. Jugó 3 mundiales para Paraguay (1998, 2002 y 2006); además de la Copa Mundial de Fútbol Playa de 2015. Su extensa trayectoria aún no ha terminado.

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Parecido derrotero siguieron Jorge Nunes y Ricardo Rojas. Nacieron en Argentina, retornaron a Paraguay con sus progenitores y fueron contratados por clubes argentinos luego. Ambos disputaron Mundiales. El primero en 1986 y en 1998 el restante. Los otros mundialistas son Daniel Sanabria (2002), Jonathan Santana, Lucas Barrios y Néstor Ortigoza (2010). Este último nunca jugó en clubes paraguayos. La historia registra 12 argentinos en los Guaraníes, con Jonathan Fabbro como notorio.

Alberto Daniel Brailovsky nació en Buenos Aires; pero se inició futbolísticamente en Uruguay. Era jugador de Peñarol cuando lo convocaron a la selección juvenil charrúa que jugó el Torneo de Toulón. Volvió a la Argentina y, debido a su desempeño en All Boys e Independiente, Menotti lo incorporó a la Selección Argentina, aunque nunca jugó internacionalmente.  Más tarde, fue transferido al América de México, de donde huyó cuando el terremoto de 1985. Purgó una suspensión por incumplimiento de contrato y recaló en Israel. Mientras jugaba para el Macabi Haifa, siguió el llamado de sus ancestros e integró la Selección de Israel en 18 matches. Hubo otros 3 argentinos en el equipo nacional hebreo. Guillermo Israelevich, por ejemplo, jugó dos partidos para la Sub 20 hasta que FIFA  lo prohibió porque había jugado para Argentina en el mismo nivel. Roberto Colautti se casó en 2006 con su novia israelita. Consiguió así la nacionalidad y jugó para el seleccionado. Marcó 7 goles en los primeros 6 encuentros, mas luego su nivel decayó.

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En 1994, en ocasión del Mundial jugado en EE. UU., Néstor Subiat apareció jugando en Suiza. El otro argentino que jugó para los helvéticos fue Dylan Gissi (de padres argentinos), a nivel juvenil. En 1999, Marcelo Devani fue llamado a la Selección de Armenia. José Bilibio lo siguió en 2002.

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La Selección de Palestina fue admitida en la FIFA en 1998. Su particular situación política le trajo muchos problemas para integrar sus equipos. No podían jugar en su territorio y debieron ser locales en Egipto o Qatar. Dado que algunos jugadores tenían prohibido salir de la Franja de Gaza o Cisjordania, la Federación Internacional los autorizó a incorporar a deportistas de otras nacionalidades y ascendencia palestina. Los hallaron en Siria, Egipto, Yugoslavia, EE. UU., Chile, Paraguay… y Argentina. En 2002 Pablo Abdala llegó al equipo de Medio Oriente. Nacido en Rosario, jugaba en Cobreloa de Chile cuando fue descubierto por el seleccionador Nicola Hadwa. Lo curioso es que nunca pisó suelo palestino. Se entendía con sus compañeros con unas pocas palabras árabes y en inglés. Jugó 18 partidos internacionales. Fue el primero de 3 argentinos en  el combinado de los Leones de Canaán.

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En los últimos años se sucedieron convocatorias a selecciones exóticas. En 2003, Pablo Villar integró la selección de Haití. Un año más tarde, Emiliano Pedrozo se incorporó a El Salvador. Tomás Granitto nació en esa nación centroamericana. Heredó la nacionalidad argentina de sus padres. Emigró a Estados Unidos a muy corta edad, donde comenzó a jugar fútbol. En 2013, el sub 20 salvadoreño se concentró en Miami. Tomás se presentó espontáneamente, lo probaron y fue aceptado en el equipo. Jugó 3 partidos en el Mundial de la categoría. Un hecho no muy usual.

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En 2008, Sergio Escudero formó parte de la sub 23 de Japón. Nacido en España de padres argentinos, sobrino de Osvaldo, compañero de Maradona en 1979, se mudó al país del Sol Naciente por el trabajo de su padre. El mismo año, Danilo Rinaldi debutó en San Marino. Se registran 4 casos de argentinos en las filas de La Sereníssima.

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En 2009, Andorra seleccionó a Rodrigo Guida, aunque no debutó en la selección pirenaica. Pablo Gabas, que también posee la ciudadanía mexicana, se incorporó a Costa Rica en 2011. Un año más tarde, Manuel Aparicio fue convocado a los juveniles de Canadá. Lo siguió Emanuel Gómez en 2013. Ese mismo año, Eslovaquia seleccionó a David Depetris. Es la 27º y última nación en incorporar jugadores argentinos en sus representativos.

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Resulta llamativo que, en contraposición, apenas 18 extranjeros hayan jugado para las selecciones albicelestes en todos los niveles. Son el uruguayo Horacio Vignoles, el sudafricano-británico Héctor Henman, el británico Alfredo Peel Yates, el alemán Marius Hiller, el italiano Renato Cesarini, los españoles Pedro “Arico” Suárez (subcampeón mundial en 1930), Manuel de Saá, Giovanni Simeone (hijo del Cholo) y Gonzalo Bozzoni; los paraguayos Constantino Urbieta Sosa (partícipe del Mundial de 1934), Heriberto Correa y Delfín Benítez Cáceres (jugó el Mundial inaugural para los guaraníes), el brasileño Aarón Wergifker (nacido allí en una escala de la migración de sus padres desde Rusia), el ucraniano Vladimiro Tarnawsky, el francés Gonzalo Higuaín (presente en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014), el australiano Andrés Mack, el colombiano Walter Perazzo y el estadounidense Michael Hoyos.

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Otra nación sudamericana que nutrió selecciones extranjeras es Brasil. Hemos encontrado brasileños jugando para Argentina, Alemania, Australia, Armenia, Bélgica, Belarús, Bulgaria, Burkina Faso, Qatar, Chile, Costa Rica, Croacia, España, EE. UU., Guinea Ecuatorial, Holanda, Hungría, Israel, Italia, Japón, México, Portugal, Polonia, Timor Oriental, Togo, Túnez, Turquía, Uruguay, Vietnam, Bolivia, Perú y Ucrania.

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La tan mentada globalización alcanza al deporte en general y al fútbol en particular. Es cada vez más común ver selecciones nacionales formadas por hombres nacidos en ajenas latitudes. En el último Mundial hubo 85 nacionalizados, incluyendo un kosovar en Suiza, un nicaragüense en Costa Rica y un uzbeko en Nigeria. La selección francesa de 1998 era una multinacional. Argentina debió apresurarse en citar a Messi, antes de que lo hiciera España. La conclusión es clara y contundente. La pelota no entiende de fronteras.

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Para terminar, agradezco a Federico Álvarez, del grupo Memoriosos del Fútbol, sin cuyo aporte no hubiera sido posible la realización de esta nota.

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