El error de Ernesto Grillo

“Los Refutadores de Leyendas han sostenido siempre que toda la Naturaleza puede expresarse en términos matemáticos. Lo poco que queda afuera no existe. Así, esta comparsa racionalista se ha esforzado, utilizando cifras, vectores y logaritmos, en representar cosas tales como el tango El entrerriano o los celos de las novias de la calle Artigas. Cuando fracasaban, simplemente declaraban superstición lo que no conseguían encuadrar en sus estructuras científicas. Existía un minucioso catálogo de cosas inexistentes que se actualizaba cada año. Allí figuraban los sueños, las esperanzas, el hombre de la bolsa, el alma, el ornitorrinco, el catorce de espadas, el Ángel Gris de Flores, el gol de Ernesto Grillo a los ingleses, la generala servida y la angustia.”

La ciencia en Flores; Crónicas del Ángel Gris

Alejandro Dolina

¿Qué tiene ese gol de Grillo para que pertenezca más al mundo de la leyenda que al de la historia? ¿Por qué habita en el inconsciente colectivo de los fanáticos argentinos? ¿Acaso su excelsa calidad lo instaló para siempre en la memoria futbolística nacional? ¿O su valoración crece porque se lo convirtió a Inglaterra? ¿Quién fue Ernesto Grillo? ¿Cuál fue su error?

Ernesto Grillo era crack. Y lo demostró desde su nacimiento: igual que Pelé y Maradona, nació en octubre. El 1 de octubre de 1929. Era una familia numerosa en miembros y escasa en billetes. Ernesto tuvo que trabajar desde pequeño. Recién a los 17 se acercó al fútbol. A esa edad llegó a los juveniles de River Plate. Estuvo un año jugando de wing derecho; pero el puesto no le gustaba. Sentía que la raya lo asfixiaba. Buscó otros rumbos y desembarcó en Independiente. En el club de Avellaneda le dieron la casaca de los genios: la 10. El 24 de abril de 1949 debutó en la primera.

La hinchada de Avellaneda lo idolatró enseguida. Tenía un manejo extraordinario del balón, potencia e inteligencia. Y una guapeza sin límites. Un entrenador de Racing les dio un día a sus defensores la siguiente instrucción: “No tocar a la Bestia”. Porque cuanto más le pegaban, más jugaba. Y eso que usaba las medias caídas, sin espinilleras y los defensores de entonces no eran precisamente tímidos a la hora de pegar.

Los Rojos formaron en aquellos primeros años de la década del ’50 una delantera brillante, de esas que se repiten de memoria: Micheli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz. Ellos combinaban oportunismo, despliegue, inteligencia, habilidad y velocidad. Daban espectáculo en cada estadio argentino. La hinchada de Independiente, jubilosa, los aclamaba con el grito de “¡Al Colón! ¡Al Colón!”, en alusión al teatro más importante de Buenos Aires. Y, aunque el campeonato se les negaba, la consagración les llegaría en mayo de 1953 con otra camiseta.

rojo

Pocas semanas atrás recordábamos la primera visita a Wembley de la Selección Argentina y la fenomenal actuación del arquero Rugilo, el León de Wembley. Pues bien, en esa entrada resaltamos la importancia cultural que tiene Inglaterra para los argentinos. Y en esa época más aún, ya que el peronismo gobernante caracterizaba al colonialismo inglés como responsable del atraso y la desigualdad social en nuestro país. Perón acababa de nacionalizar los ferrocarriles, hasta ese momento en manos de empresas inglesas, y ahora pretendía derrotarlos en fútbol. Deportivamente, era una muy buena oportunidad de medir la realidad del balompié nacional, muy aislado al no competir en el Sudamericano de 1949 ni en el Mundial de 1950, ambos jugados en Brasil.

Para 1953, se programaron dos partidos con la selección inglesa como revancha de aquel jugado dos años antes.

El plantel inglés estaba conformado por 18 jugadores, entre los que se contaban Alf Ramsey, Billy Wright y Nat Lofthouse. Su entrenador era Walter Winterbottom. Apenas llegaron, los invitaron a presenciar un partido de 1ºB: Atlanta contra Argentinos Juniors.

Finalmente, el jueves 14 de mayo de 1953 se presentaron en la cancha de River, llena hasta los topes. La alineación visitante no presentó a sus mejores figuras y estaba conformada por suplentes: Dickburn, Garret y Eckersley; Wright, Barrass y Barlow, Berry, Bentley, Taylor, R. Froggat y J. Froggat

Dado que no había en aquellos años un equipo nacional estable, el entrenador argentino, Stábile, resolvió convocar jugadores que se conocieran de antemano. La albiceleste estuvo representada por Mussimessi (Boca), Dellacha y García Pérez (Racing), Lombardo, Mouriño (Boca) y Gutiérrez (Racing); Micheli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz (Independiente). Por primera vez, la delantera de un club era llamada íntegra a jugar por la Selección. Después, ingresaría Tucho Méndez (Racing)

Perón, presente en el estadio, saludó a los 22 contendientes y a la terna arbitral, formada por ingleses que ejercían su oficio en el campeonato local. El juez principal era Mr. Ellis.

A los 41 minutos, Taylor puso en ventaja a la visita. La reacción argentina llegó un minuto después. Grillo, que ese día hacía su debut internacional, la contó así:

“Los ingleses nos ganaban 1 a 0. Se la pedí a Lacasia y me fui. No me acuerdo a cuántos dejé en el camino. Ya estaba en el área y me faltaba ángulo para el remate. Entonces, le pegué arriba y la pelota entró entre el hueco que dejó el arquero y el palo”

Este gol se convirtió en hito fundacional del Estilo Argentino. La picardía y la capacidad de improvisación se imponían sobre la mecanización de los que siempre hacían “la lógica”. Toda la defensa inglesa esperaba el pase atrás y Grillo los sorprendió con el remate. Para los testigos, fue un zurdazo. Para el autor, un derechazo. Para la ortodoxia británica, un error.

A los 57 minutos Micheli desniveló el marcador y a los 78, otra vez Grillo puso cifras definitivas: 3-1. Desde entonces, el 14 de mayo se celebra el Día del Futbolista Argentino. Los ingleses, expertos en disimular las falencias propias, argumentaron que no era un partido oficial y para su historia este es un partido entre un Seleccionado de Buenos Aires y el F.A. XI.

Tres días más tarde, se jugó el segundo partido, esta vez los ingleses alinearon a los titulares. Se suspendió a los 22 minutos con el marcador cerrado, debido a una lluvia torrencial. En realidad, era imposible jugar; pero había tanta gente en las gradas que ambos equipos acordaron jugar 20 minutos para no decepcionar a la multitud.

Otra vez jugó la misma delantera. En total, entre ese mayo de 1953 y marzo de 1955, la línea de ataque de Independiente jugó 7 partidos con la casaca nacional; con el único cambio de Bonelli (también centrodelantero rojo) por Lacasia a partir del tercer encuentro. Contribuyeron al título sudamericano de 1955.

Paradójicamente, nunca ganaron un campeonato de clubes en la Argentina. Y el único que jugó un Mundial fue el Zurdo Cruz, participante en Suecia ’58. Los otros continuaron jugando en la Selección en forma diversa, pero ya no lo harían juntos.

El mismo año de la victoria sobre Inglaterra, Independiente se fue de gira por Europa, aprovechando la fama de sus forwards. Para empezar, el 8 de diciembre enfrentaron al Real Madrid en Chamartín. Con goles de Micheli (3), Bonelli, Cecconato y Grillo, los rojos bailaron y golearon (6-0) a los Merengues de Di Stéfano. Santiago Bernabéu pidió la revancha. “Se la damos, pero en Buenos Aires”, respondió Alfredo Roche, presidente del club argentino.

A continuación, derrotaron al Valencia (3-0), empataron con el Sevilla (1-1), vencieron sucesivamente al Atlético Madrid (5-3), al Benfica (2-1) y al Sporting de Lisboa (8-1). Cayeron 5-3 ante el Athletic Club y retomaron al triunfo contra el Celta de Vigo (2-1). Volvieron a caer con el Rouan (2-3), ganaron al Wienner de Austria (3-0), a la Selección de Holanda (3-1) y fueron derrotados por el Huddersfield de Inglaterra (2-3) bajo la nieve. Grillo anotó 10 goles en la gira.

En 1957, Ernesto Grillo fue transferido al Milan de Italia, donde compartió filas con figuras de la talla de Cesare Maldini, Cuchiaroni y el uruguayo Schiaffino. En 1958, llegaron a la final de la Copa de Campeones. Esa tarde de Bruselas, Grillo convirtió un gol que no alcanzó para evitar la derrota ante el Real Madrid en tiempo extra (2-3).

Boca lo repatrió en 1960. Ganó 3 títulos. Cuando en 1962, Menotti jugó su primer partido internacional como jugador, Grillo lo acompañó en la delantera. Se retiró en 1966. Comenzó a trabajar en las juveniles boquenses, donde promovió a 3 campeones del mundo: Trobbiani, Tarantini y Ruggeri. Se casó con Elba y tuvo un hijo, Pablo.

Jorge Luis Borges pensaba que en toda vida hay un momento, un solo momento, que justifica la existencia toda. Esa tarde soleada de mayo, ese gol que se llamó “el gol imposible”, parece comprobar esa conjetura. Para Grillo no solo hubo un antes y un después de ese gol. No hubo jugada más trascendente en toda su carrera. Claro que él ayudó.

“¿Si le di al arco? Y… para ganar la lotería hay que comprar el billete”

Pero los hados de la pelota lo habían señalado a él. Así lo interpretó su compañero Carlos Cecconato:

“Si en lugar de pegarle al arco, Grillo tiraba el centro atrás, ‘el gol a los ingleses’ lo hacía yo”

Desde 1998, el Pelado Grillo juega en las canchas del cielo. Por allá andará paseando su coraje, su talento y su carisma en el campeonato que nunca termina. Estará ocupando su lugar en el Equipo de los Grandes, un lugar que se ganó cuando fue dejando piernas inglesas por el camino hasta anotar el gol imposible, ese que sus rivales consideraron un error.

Nosotros mantendremos viva su leyenda. De tal forma que, aunque los Refutadores lo nieguen, el gol de Ernesto Grillo a los ingleses permanezca indeleble en la memoria futbolera de los argentinos.

grillo

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